Correo Semanal

Una mirada crítica a los cuatro siglos de Encarnación

El escritor e investigador Roberto Zub narra la historia de la capital de Itapúa en un libro apasionante, en que la libertad, la democracia y la justicia social son valores fundamentales.

Antonio V. Pecci
Periodista e investigador
antoniopeccipy@yahoo.com
Roberto Zub (68) es un destacado investigador, con varias obras, numerosos viajes por el mundo y varios títulos, destacándose como doctor en sociología. Oriundo de Carmen del Paraná, es descendiente de padre ucraniano y madre bielorrusa, vive y trabaja con su familia en Encarnación y es un conocedor a fondo de la región sur. Ha publicado libros como: ‘Tierra, trabajo y religión’ (Memoria de los inmigrantes eslavos en el Paraguay), ‘Historia del Distrito Capitán Miranda’, ‘Los eslavos en la historia paraguaya’, ‘Ataque a Fram’ (Los eslavos en el Paraguay durante la Guerra Fría), en que narra la brutal represión a los habitantes descendientes de rusos de la comunidad por la dictadura stronista. Ha publicado, además, ‘Evangelical Christianity and Democracy in Latin America’ por la Oxford University Press.

Su último trabajo es un apasionante relato sobre los cuatro siglos de historia de Encarnación, con sus luces y sombras, sus avances y retrocesos en materia social y política, con un enfoque severo y crítico sobre la evolución de la capital itapuense, que no es habitual en este tipo de trabajos, muchos de los cuales se llenan de datos y anécdotas. El lugar desde donde mira Roberto Zub es muy diferente, desde una perspectiva en que la libertad, la democracia y la justicia social son valores fundamentales. Así como sus raíces culturales. El prólogo fue escrito por Luís Yd.

–¿Qué te motivó a investigar la historia de Encarnación?

–Al acercarse el cuarto centenario de la fundación de Encarnación, algunos escritores locales decidimos escribir desde nuestras perspectivas un texto sobre la historia de la ciudad. Este es el mío, escrito desde la sociología, como aporte de miembros de una generación que nos estamos yendo y que un día soñamos con una patria grande, libre e inclusiva. La idea básica del libro fue describir la configuración del territorio y su relación con los grupos humanos que fueron asentándose a través del tiempo. Por otra parte, ver la consecuente transformación socioeconómica, urbanística y los aportes culturales basados en sus raíces etnohistóricas. Es una visión de lo que construimos y dejamos, con sus luces y sombras.

–¿Cuáles son las etapas que caracterizan, a tu criterio, la evolución de la ciudad?

–Desde aquel lejano marzo, en que un joven jesuita puso una cruz en la ribera del río Paraná, el mundo ha cambiado y es otro, distinto. En aquel M+marzo comenzó a derrumbarse lo indígena para dar paso a una historia diferente, marcada por la presencia de lo hispánico en el escenario de estas tierras, ríos y selvas. Con la conquista se dio inicio a la implantación de una nueva cultura, con su idioma y una religión foránea con sus dioses y santos, como también un modo de ser, de pensar y de vivir bajo una concepción eurocéntrica. Así comenzó a desnudarse la tierra y a la paulatina extinción de gran parte de su flora, fauna, biodiversidad y la disminución y deterioro de la población originaria de esta paradisíaca región del planeta.

–¿Inmigrantes de cuantos países se instalaron en la ciudad y contribuyeron a su crecimiento?

–En la medida que los humanos fueron constituyendo sociedades, surgieron nuevas causas para migrar derivadas del nuevo orden social, político o religioso que establecía un grupo, un partido, un clan o una tribu. La formación de Encarnación de los primeros trescientos años se insertó dentro de la estructura hispánica y guaraní. Luego, a finales del siglo XIX y sobre todo en el XX, llegaron inmigrantes que fueron portadores de una cultura, costumbres y valores escasamente conocidos en el país. Encarnación tiene la impronta de las más variadas culturas y etnias del planeta. Posee una gran heterogeneidad pues su población está constituida por gente de origen español, alemán, italiano, austriaco, yugoeslavo, danés, holandés, finlandés, suizo, japonés, búlgaro, griego, belga, croata, francés, checo, ucraniano, polaco, ruso, bielorruso, coreano, australiano, boliviano, peruano, brasileño, argentino y de otras nacionalidades, además de la población indígenas tupí-guaraní. Esto hace que Encarnación sea un “crisol de razas” donde conviven culturas, etnias y lenguas de los más diversos puntos del mundo.

–Con respecto a los indígenas que ocupaban tierras ancestrales, ¿cuáles eran las parcialidades en la etapa inicial de la ciudad y cuál fue su rol?

–Esta región –en ambas márgenes del río Paraná– fue habitada por indígenas tupí-guaraní desde una época muy anterior a la conquista de los españoles. En el año 1615, el joven jesuita Roque González de Santa Cruz, junto a numerosos indígenas de la región, fijó una cruz en la ribera del río Paraná y con ello dio origen a una reducción que se llamaría Nuestra Señora de la Encarnación. Más de dos siglos después, el Presidente Carlos A López, plantea en el sur del país una “Ciudad del comercio” con un enfoque de espacio urbano sin indígenas, por lo que decreta la reubicación “de la población natural a siete leguas rio abajo”, es decir, a Carmen del Paraná. A raíz de esto, la ciudad se empobreció por falta de estibadores en el puerto, oleros que abastecían de ladrillos y carpinteros que hacían el maderamen para las viviendas y negocios que se estaban construyendo. Esto le valió un reclamo y una protesta a López que decidía de manera unívoca y unilateral sobre territorios lejanos y con una dinámica que requería la incorporación de los indígenas y no su expulsión.

–¿Cómo impacta la presencia de migrantes europeos?:

–En el siglo XX, los inmigrantes, como nuevos actores socioeconómicos y configuraron un modelo de Estado-nación y municipios a su medida. El dominio del territorio por los nuevos actores planteará litigios, conflictos y la exclusión de las poblaciones ancestrales. Estos últimos no participaron en la implementación de las nuevas reglas socioeconómicas y, por lo tanto, las mismas privilegiaron a unos pocos en el uso, posesión y la distribución de la tierra, así como del vínculo con una red de comercio y la hegemonía sobre las demás actividades de la sociedad. Por lo tanto, la inmensa población indígena quedó dispersa, sin organización y reducida en sus capacidades económicas pues sus territorios fueron usurpados por los colonizadores españoles primero, y en la etapa independiente, por el Estado que vendió territorios con población indígena a grupos económicos y a especuladores de muy diversas nacionalidades.

–¿Cómo se vivieron los festejos por el IV centenario de la ciudad?:

–Como parte de las celebraciones, el 20 de marzo de 2015 los inmigrantes y sus descendientes, junto a los moradores ancestrales y los paraguayos, celebraron juntos con un recorrido por el Centro Cívico con sus banderas, trajes típicos, músicas y danzas. Los primeros en desfilar fueron los indígenas mbya guaraní y maka, quienes marcharon con su música y danzas cargadas de simbolismo. Sin duda, ellos son los que menos razones tuvieron para celebrar, pues durante los 400 años han sido despojados de sus tierras, viven en la marginalidad y soportan todo tipo de violencia. Además, un indígena nunca accedió a cargos municipales o políticos en la ciudad, no tienen ninguna posibilidad de desarrollar su vida plena, su etnia ha sufrido un genocidio y exterminio casi total, pues muchos latifundistas los veían como salvajes y contrataban cazadores para asesinarlos.

–¿Cuáles son los desafíos para el futuro de la ciudad en las próximas décadas?

–Pese a ser una ciudad muy antigua, Encarnación careció de una estirpe política ávida para impulsar un desarrollo sociocultural y político que derive en una mayor expansión demográfica y económica. A cuatro siglos de su fundación posee únicamente unos 100.000 habitantes, en cambio. De manera que uno de los desafíos de la ciudad es ser sustentable, atractiva para vivir e invertir y sobre todo marcar un horizonte para su población.




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