Opinión

Una carrera desigual

Lida Duarte Por Lida Duarte

Las campañas electorales movidas por el poder económico de cada candidato y apoyadas por los medios de comunicación hegemónicos del partido (y el interés de las élites) nos impusieron solo dos candidatos a intendente de Asunción, cuando en realidad son siete. Resulta más llamativo aún cómo la única mujer que logró candidatarse a pesar de los tropezones que implica la carrera hacia los puestos dominados por los hombres, es ignorada en los espacios de difusión y debates.

Avanzar hacia el mayor acceso de mujeres a los cargos de decisión es una reivindicación histórica y el camino para lograrlo no es nada fácil. El promedio de representación femenina en las concejalías de Latinoamérica es del 29,6%, en tanto que en las alcaldías o intendencias es del 15,5%, según el estudio realizado por la socióloga y oficial del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral, Carmen Echauri.

En Paraguay, las cifras son todavía más preocupantes, ya que en el periodo que está culminando hay 20,9% de participación de mujeres en las juntas municipales y solo 10,4% en los cargos ejecutivos de los municipios. Con toda la estructura que manejan los partidos tradicionales, que al mismo tiempo representan a grupos patriarcales, contrarrestar estos números se presenta como una utopía que solo apunta al statu quo.

En Asunción, la única candidata a la Intendencia, Johanna Ortega, tuvo que optar por otras estrategias para posicionarse en las elecciones de este domingo. Como alternativa, nunca fue ceder su candidatura como condición para agrandar la alianza, porque significaría pisar su compromiso de presentar una propuesta progresista, el equipo decidió utilizar las herramientas digitales y sin importar los resultados, llegar a las últimas instancias para transparentar los recursos utilizados por la administración que está culminando.

La desigualdad de oportunidades para las mujeres supone una gran desventaja para el acceso a los cargos electivos y ante este escenario la figura de Johanna, que estaba siendo apartada en los medios convencionales, fue marcando tendencia en los últimos días por su gran hazaña y la de su equipo.

Teniendo como respaldo la Ley de Transparencia, Alianza Para Todos solicitó la rendición de cuentas de la administración de Nenecho Rodríguez y del interino, César Ojeda, sobre el uso de fondos de emergencia para contrarrestar los efectos de la pandemia del Covid-19 y, al no tener respuestas, insistió con medidas judiciales, cuyos resultados podemos observar ahora.

Como era de esperarse, sobran los indicios de corrupción del candidato colorado, quien es conocido por su participación en un programa de entretenimiento, aunque su poder real tiene que ver con los vínculos que mantiene su familia con las autoridades de prácticamente todos los poderes del Estado. Su padre, Óscar Rodríguez Kennedy, es un juez de larga trayectoria y con antecedentes cuestionables, solo el año pasado se presentó para el cargo de ministro de la Corte Suprema de Justicia y, durante su examen, se lo vio copiando las respuestas. Asimismo, recientemente frenó un hábeas data presentado contra la Asociación Nacional República por afiliaciones sin consentimiento.

Entre los hallazgos que más indignaron en los documentos presentados por la Municipalidad de Asunción por orden judicial, figuran facturaciones de saturómetros con precios que superan casi seis veces a los valores de mercado. Por un lado los denunciantes celebran la publicación de la rendición de cuentas, pero por el otro, apenas empezaron la batalla, que ahora continuará en la Contraloría.

Es imposible desconocer a quienes emprendieron este difícil camino burocrático y lleno de trabas para llegar a la verdad y ahora todos los espacios negados a Johanna se van abriendo, así como los electores van ampliando el acceso a la información sobre sus candidatos y candidata.

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