Sin dudas el Decano viene siendo el mejor equipo de los dos últimos años del fútbol paraguayo, más allá de las polémicas que siempre se generan en el fútbol y de la poco feliz expresión de algunos dirigentes al poner en tela de juicio la autenticidad de sus conquistas pidiendo la “investigación de los últimos torneos”.
Después de tanta parafernalia la “investigación” duerme en algún cajón de una APF inoperante que se prestó al show. Los números, las cifras y las estadísticas son contundentes e irrefutables y bien les haría a los que objetan esta campaña reconocer la notable superioridad del Franjeado. Es de buenos deportistas admitir y aceptar la victoria ajena. Quien no sabe perder, no tiene derecho a ganar.
Olimpia ha sabido madurar, quizá, aprendiendo de sus errores en aquellos años de sequía y malaria en los que un DT argentino hasta sugirió “refundarlo”. Cambiar uno o dos técnicos por torneo y renovar plantel completo cada seis meses por malos resultados eran la constante; nada recomendable, por cierto.
Hoy en día la dirigencia decana firma contratos largos, tanto con técnico como con jugadores, señales de un trabajo serio y pensado cuyos frutos saltan a la vista.
El título, de nuevo, está en muy buenas manos y los demás clubes deberán ponerse a trabajar muy duro si quieren destronar a este Rey de Copas, que ha vuelto a ser el Olimpia de antaño que supo instalar su escudo como el más ganador de la historia.