Y lo hizo en un campo muy difícil como el mítico estadio Centenario, de Montevideo, a pesar de caer uno a cero. La forma, mientras sea lícita, no importa. Es secundaria. Que Gustavo Morínigo se arriesgó demasiado mandando atrás al equipo durante casi todo el partido, es cierto. Pero también es cierto que consiguió la meta y que de nada vale jugar bien cuando no conseguís el objetivo. Y Nacional lo hizo. Ayer no jugó bien, pero se defendió con acierto, y nunca se ruborizó en sacar la pelota como sea de su área. Y cuando necesitó tuvo la ayuda de la diosa fortuna. Sufrió dos pelotazos en los caños, el segundo a poco del final, pero estaba escrito que el milagro estaba vestido con los colores rojo, blanco y azul.
apabullante. Arrancó con actitud el local, con los tapones en alto, literalmente, tratando de imponerse hasta con vehemencia en el mediocampo, en un terreno de juego bastante resbaloso. Nacional se guareció en defensa y aguantó los primeros sofocones, apelando arriba a la habilidad de Montenegro; a pelotas bombeadas a Melgarejo o habilitando a Orué, a quien se le notó irresoluto. Un par de peligrosos centros aéreos causaron susto al Nacho Don.
insistentes. Los violetas insistieron por la necesidad de remontar el 2 a 0 encajado en Asunción, ganaron varios cornes en el primer tiempo, pero allí se impusieron por arriba los Piris, Cáceres y compañía. Don comenzó a tener mucho trabajo en el área.
En la complementaria, de la mano del experimentado Olivera los charrúas presionaron de vuelta, esta vez desechando el juego aéreo y utilizando el toque. Hasta que emergió Adrián Luna para desnivelar y poner el 1 a 2 en el global e instalar el dramatismo en la definición.
movió el banco. Y Morínigo metió mano a los cambios buscando controlar el juego en el que estaba siendo superado. Reforzó atrás con Balbuena quien entró para defender por lo alto y el Zorro para aguantar arriba. Pero siguió el dominio local que acarició el segundo con un zapatazo de Gedoz a un vertical, otro disparo de De Arrascaeta que Don sacó a duras penas. El albo no existió en ataque. Se dedicó exclusivamente a aguantar la ventaja con el enorme riesgo que esto conlleva. Los últimos 8’ Morínigo cerró su retaguardia con seis defensores.
Y el milagro se hizo tricolor con aquel parantazo de Herrera, tras un remate a dos metros del arco y de frente; y la fortuna escogió al Nacional querido, sufrido, aguerrido que ahora va por el cuarto título copero para el fútbol paraguayo.