Primero es la tierra o la piedra, donde el minero intuitivo detecta una fina línea de minúsculos granos dorados y brillantes: es la “veta” de oro tan ansiada. Para detectarlo, los mineros de Paso Yobái lo someten a un proceso de lavado en la “cuia” (fuente), hasta que el precioso mineral se va sedimentando en el fondo.
Para extraerlo, los más humildes cavan la tierra con una pala o rompen la piedra con picos, en largas y exhaustivas jornadas a la intemperie, cargando lo obtenido en bolsas que luego van a los molinos, donde el molinero se queda con el 30 % del oro. Los que tienen más recursos utilizan máquinas retroexcavadoras y molinetes eléctricos.
El mercurio, metal que mejor se amalgama con el oro, es el elemento clave para tratar las arenas auríferas y calentar el producto en retortas de hierro, hasta obtener el oro más químicamente puro.
En ese proceso, que muchos mineros paraguayos hacen de modo muy artesanal en la zona de Paso Yobái, el mercurio despide gases muy tóxicos, que si son inhalados pueden dañar gravemente los pulmones y las vías respiratorias, según advierte el titular de la cátedra de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UNA, doctor Evelio Cardozo Melgarejo. Sin cuidado, puede ser mortal.
El mercurio, de venta restringida, es adquirido en el mercado negro, en pequeñas cantidades.