06 mar. 2026

Un médico y botánico suizo que dio fama a las plantas

Llegado a Asunción a fines de la década del 80 del siglo XIX, este médico de profesión hizo famosas en Europa a las especies botánicas de amplias regiones del Paraguay, que él mismo visitó e investigó.

Por Blas Brítez<br/><br/>bbritez@uhora.com.py<br/><br/>Se sabe que la cultura es todo lo que identifica y crea víncu– los entre los integrantes de un determinado grupo humano, con su patrimonio común tangible e intangible. Cuando se dice todo, es todo. Por ejemplo, las plantas también son cultura. En Paraguay, son cultura desde los tiempos precolombinos, porque han estado siempre íntimamente ligadas al devenir histórico de este país, aun antes de que existiera el Paraguay. El conocimiento universal de esas plantas se debe, sobre todo, al trabajo realizado por tres naturalistas extranjeros. Un francés y dos suizos. Aimé Bonpland, por un lado, y por el otro Moisés Bertoni y Emilio Hassler. El caso de este último es el que nos interesa hoy.<br/><br/>Hassler, nacido en Suiza en 1864, llegó al centro de América del Sur en 1883, cuando era un joven precoz, recientemente convertido en médico cirujano. Antes había estado en Río de Janeiro, profundizando sus estudios en Medicina, pero ya su pasión por la botánica se había ido manifestando.<br/><br/>En Paraguay realizó, apenas arribado, importantes estudios acerca de su flora, sobre todo en las regiones de la cuenca del río Apa y de las Cordilleras (allí sobre todo en las ciudades de Altos, Atyrá, Piribebuy y Acahay), así como en la de los ríos Paraná y Pilcomayo. El Dr. Juan Daniel Anisits, un médico húngaro que hacía años residía en el país, se convirtió en su más cercano colaborador, y juntos, a su vez, fueron dos de los más importantes propulsores de las ciencias naturales en la enseñanza tanto media como universitaria en el Paraguay.<br/><br/>Antes de llegar el siglo XX, en 1898, Hassler, que para entonces iba y venía a Europa con las muestras de las especies recolectadas y clasificadas, comenzó a publicar en el Bulletin del′Herbier Boissier, de Ginebra, la primera parte de su monumental trabajo titulado Plantae Hasslerianae, el resultado en este caso de diez años de trabajo en el país, de 1885 a 1895. En 1907, terminaría por publicar la última entrega de este trabajo, que incluía, finalmente, más de 80.000 especies llevadas a Europa. Es importante consignar un dato que pocas veces figura en las síntesis biográfica de Hassler: su trabajo está firmado conjuntamente con el Dr. Robert Chodat, un botánico compatriota suyo, quien le ayudó a clasificar y determinar el ingente material recolectado por él. De hecho, en 1914, Chodat también estuvo en Paraguay, traído por Hassler. Y en 1933 recibió la Medalla Lineana, la más importante distinción en el mundo de la botánica, por lo que fue otro ilustre visitante del Paraguay.<br/><br/>Un dato no menor del afán científico de Hassler es que en el casi medio siglo que estuvo en el país, cada dos años, por lo menos, viajó al Viejo Continente, con todo lo difícil en empleo de tiempo y dinero que ello implicaba en la época, para llevar las muestras que hoy forman parte de museos de su país natal y de los EE. UU. <br/><br/>Además de esa obra imponente que es la Plantae Hass– lerianae (cuya legible edición original en francés se puede consultar online en www.archive.org), a Hassler se le debe la redacción de más de un centenar de trabajos monográficos sobre la flora paraguaya: Enumeración preliminar de las plantas usuales del Paraguay; Resultados botánicos de mis viajes y exploraciones en el Paraguay; Una nueva especie de copaifera del Paraguay; Bosques del Paraguay, entre otros textos.<br/><br/>El Dr. Hassler lleva el mérito de haber sido el primer Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Asunción. Además fue fundador y presidente honorario de la Sociedad Científica del Paraguay. <br/><br/>El 5 de noviembre de 1937, este suizo comprometido con las ciencias naturales, enamorado de la naturaleza paraguaya, falleció en Asunción. Sus restos fueron sepultados –porque así él lo quiso– en el Cementerio de San Bernardino, el pueblo de inmigrantes alemanes en donde había construido dos casas, la última de ellas con el nombre de “Villa Mon Repos”.<br/><br/>