04 may. 2026

Tejedoras de ñandutí apuntan a vender sin intermediarios

En la compañía Aldama Cañada de Itauguá, una familia se acopló a un proyecto turístico para ofrecer su trabajo artesanal. Por el bajo precio que reciben de terceros, los jóvenes están desalentados a seguir.

señoras de edad tejiendo ñanduti

Por Magdalena Riveros

magda@uhora.com.py

Las nuevas generaciones se dedican cada vez menos a tejer el ñandutí en la ciudad de Itauguá, Departamento Central. “Es por el bajo precio que pagan por el producto”, comentó una de las integrantes de la familia Gaona, que en la compañía Aldama Cañada están activando para reimpulsar la producción artesanal a nivel familiar, sin la participación de los intermediarios, y de ese modo valorizar más el ancestral trabajo.

En la compañía Aldama Cañada, hacia la ruta que une las rutas 1 y 2, ingresando por tape po’i, uno va cruzando amplias zonas de cultivos hortigranjeros de las familias que viven en la zona. Una buena proporción de estos cultivos van para los grandes supermercados de la Gran Asunción. Una particularidad del lugar es que los hombres se dedican a cuidar las hortalizas y las mujeres tejen el ñandutí para su posterior venta.

La familia Gaona es uno de esos grupos familiares dedicados a realizar el tejido de ñandutí. Empezando por la abuela Fidelina Moreno, su hija, las sobrinas y los primos. Grupo familiar de 22 artesanas que se sumaron el programa turístico Pypore, de las huellas franciscanas. Desde enero esta familia estará recibiendo a los turistas e integrándose a la nueva forma de hacer turismo que desarrollará Pypore, mostrando los talleres de artesanía del ñandutí.

VENTA DIRECTA. Durante la presentación de lo que se verá en el rancho-taller de ñandutí, las artesanas destacaron que decidieron dejar de depender de la venta de sus productos en la ciudad, y apuntan a la venta directa. Para eso, una parte de la humilde vivienda es destinada a la comercialización de los productos elaborados. Los aros colantes de ñandutí están a 15.000 guaraníes, y una banderita paraguaya para ornamento, 35.000 guaraníes. Ornamentos más pequeños hay desde 5.000 guaraníes, por citar algunos precios.

“La idea nuestra es vender ahora desde nuestro taller, ya no depender de los intermediarios como antes nos manejábamos. Queremos hacer ventas directas”, manifestó Jorgelina Gaona.

Recordó que por los bajos precios que reciben de los intermediarios, la gente que va creciendo ya no tiene la voluntad de tejer. “Entonces se corre el riesgo de que esta tradición se termine si no se le da un precio real, un valor a los trabajos, porque así como ven, el proceso de tejer no es nada fácil. Cualquier elaboración de un ñandutí lleva una semana de trabajo”, puntualizó la integrante de la familia de artesanos.

PRESERVAR LA ARTESANÍA. “Nuestra artesanía viene con los primeros franciscanos, que trajeron con sus vestimentas, con los manteles para adornar los púlpitos en las iglesias. Estamos muy orgullosas de lo que hacemos para ganar un poco de dinero y desde nuestra familia nos comprometemos a llevar adelante la artesanía para que el ñandutí no quede atrás, porque últimamente se está dejando de lado y será una lástima que queda atrás una artesanía tan hermosa”, reflexionó la artesana de Itauguá.

Dijo que su familia mantiene la tradición de transmitir de generación en generación la enseñanza y práctica de hacer el ñandutí, y que las 22 artesanas están muy contentas de que ahora ya puedan recibir la visita directa de los turistas en su propia casa-taller.

Los visitantes además podrán conocer la tranquila vida rural que aún se mantiene en la compañía Aldama Cañada de Itauguá.

DOÑA FIDELINA YA TIENE 94 AÑOS Y SIGUE TEJIENDO

La visita turística a la casa de la familia Gaona, en la compañía Aldama Cañada de Itauguá, para conocer cómo se elabora el ñandutí, tiene un atractivo especial a los pocos minutos de ingresar al lugar. Es cuando se le presenta a doña Fidelina Moreno, de 94 años, como una de las tejedoras del ñandutí más antiguas.

Doña Fide, sentada, armando el ñandutí, sonríe al ver llegar a los turistas a la casa familiar. Habla en guaraní y sonríe cuando las personas se acercan a dialogar y hacerle preguntas sobre su trabajo.

La reiterada pregunta que se le realiza a doña Fide es cuál es su alimentación para vivir tantos años y en tan buenas condiciones físicas y de salud. “Ha’u kamby rorandie” (tomo leche con maíz), es la respuesta de la abuela, y sus sobrinas agregan que también come mbokaja (coco). Aunque doña Fide agrega que como ya no tiene más dientes dejó de alimentarse con el mbokaja. Comenta que desde muy chiquita ya ordeñaba la vaca, hervía la leche para tomar.

Para bordar, doña Fide intenta varias veces hasta lograr enhebrar el hilo para seguir con el ñandutí en el bastidor. Luego de varios intentos pide ayuda, y una sobrina aclara que sólo tiene problemas con el hilo fino; con el grueso se maneja sin problema.

La abuela de 94 años no usa anteojos y aún camina. En entrevistas a los periodistas, doña Fide relata que su cumpleaños es el 27 de mayo y que comenzó a realizar el ñandutí a los 7 años. Recuerda con claridad que María Campuzano fue quien la enseñó a bordar, que iba todos los días a su casa para aprender, y que con sus primeros ingresos se compró un tapado que le costó 35 guaraníes, “cuando la plata valía”, aclara; así también un zapato para ir a bailar. Relata que hizo una mantilla por la que recibió 27.000 guaraníes, que hizo muchísimos ñandutíes cuando joven y que compraba muchas cosas.