Correo Semanal

Susnik, científica en los años 50

 

Miguel H. López

Marija Mojca Tercelj, es la etnóloga eslovena que está preparando uno de los homenajes más emblemáticos sobre su colega nacionalizada paraguaya Branislava Susnik, una tarea que colocará la figura de la primera Premio Nacional de Ciencias de nuestro país en perspectiva universal en el Museo Etnográfico de Eslovenia el 17 de noviembre de 2020, como parte de las celebraciones de su nacimiento número 100 ocurrido un 28 de marzo. Más allá de lo que ya se conoce sobre la prolífica y rigurosa tarea de la –doctora Branka–, como la conocían sus allegados, Mojca nos desvela algunas claves sobre la personalidad más soterrada de la investigadora, de su figura monumental no reconocida en el mundo y repara en su interés particular hacia la mujer que aparece en sus registros como poderosos detalles presentes, que sin embargo por alguna razón no hallaron un desarrollo más autónomo en su producción científica y académica.

Susnik fue una mujer que tuvo que asumir rol masculino porque ir a trabajo de campo no era ponerse tacones altos; constituía mucho sacrificio y tener una condición física y síquica excelentes. Eran los ’50…, señala Mojca para ubicar el momento central en el que esa tarea de la etnóloga y lingüista comienza a delinear lo que más tarde sería una de las más sólidas producciones científicas sobre la historia social, étnica y de las lenguas del Paraguay.

Explica que en el mundo todos los estudiantes de antropología conocen a la famosa Margareth Mead o a Ruth Benedict, que realizaban la tarea de campo aplicando el método de la observación participante, pero casi nadie sabe en Europa o en Eslovenia del trabajo de campo de Susnik. “Más todavía cuando Mead fue con su esposo al Pacífico Sur, y a la Susnik, que aquí se quedó, le dieron 3 soldados para ir (al hostil y todavía poco penetrable Chaco)”.

Cuando habla, Mojca despliega una inocultable admiración hacia su compatriota cuyos escritos más personales, fuera de los libros, analizaba para montar –en su carácter de autora– la exposición en donde también habrá objetos de trabajo usados por Susnik en sus innumerables viajes a lo más profundo y recóndito del Paraguay para estudiar a los diversos pueblos indígenas. Ambas comparten, fuera de la lingüística, el mismo interés de trabajo por la cosmovisión, la mitología, los chamanes, los sueños…, admite. Esta puesta es un proyecto desarrollado desde la facultad de Humanidades de la Universidad de Primorska –donde la curadora es docente– mediante la aplicación a un fondo para investigar la vida y obra de Susnik, .

Un lugar central de la exposición estará enfocado en la mujer que trabaja y se dedica a la ciencia en los años ‘50 en un país que todavía era muy masculino y que no tenía su ciencia muy desarrollada, en particular en humanidades. En ese sentido, la entrevistada califica a Susnik como “una mujer extraordinaria también para el ámbito europeo, y más aún para el ámbito americano. Una investigadora que también hacía muchas investigaciones sobre la mujer y eso se refleja claramente en las fotos que tomaba. Le llamaban la atención las mujeres. Ese rol. Se pueden ver las fotografías. Siempre hacía fotos de mujer sola, mujeres en grupo, mujer y niño... También hacía de chamanes. Le interesaba mucho. Era el caso de la mujer que se hace amiga, pero que investiga también. Ese es un problema perpetuo en la antropología”.

De sus cartas personales y sus diarios, emerge más información que es traducida por nuestra entrevistada como que provienen de una mujer en apariencia frágil, pero en realidad muy fuerte. “Ella debía jugar este rol de fuerza. Resaltaban sus raíces, era de una tenaz voluntad y obstinación. Por otro lado era una persona tan sensible, de eso rebosan sus cartas. Sin embargo por el momento y el trabajo que le tocó desempeñar tenía que negar su feminidad, sus aspiraciones, su timidez, su gracia. Tuvo que frenarse siempre”.

Rigurosidad e importancia

Desde el punto de vista de su personalidad y la investigación –retoma Mojca–, “la doctora” es muy importante para América Latina, sobre todo para Paraguay. Hizo un gran trabajo después de los clásicos. Fue sumamente importante en esa carrera clásica porque ella proviene de la escuela de la Etnohistoria de Viena, del padre Wilhelm Schmidt.

Sobre el propósito medular de la muestra que se inaugurará en Eslovenia, expresa: “Hago un esfuerzo para que se reconozca la vida y la obra; por sobre todo la obra de la Dra. Susnik. Que se le dé su lugar. Ella participó de la migración, de la diáspora política de la Segunda Guerra Mundial. Por esa razón siempre fue negada, aunque ella no fuera activa en la política. Ella quiso marcharse. No le hicieron nada. Si se quedaba no le hubieran hecho nada. Sin embargo, ella sabía que no iba a obtener un trabajo científico. Le dolió muchísimo, mataron a su padre. Tengo la sensación –basada en sus escritos– de que fue muy amada. Fue la hija de papá, la mayor. Era muy estricta; muy ordenada, como una hormiga. Muy inteligente e intelectual. Esto, definitivamente, dejó huellas, la marcó para siempre...”.


Antropología

Una muestra que se prepara en Eslovenia la devolverá al mundo que aún no dimensionó su universalidad. Entrevista a la autora de la exposición.

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