Hace exactamente 36 años, un 8 de enero de 1973, en la ciudad de Olinda, Pernambuco, el equipo represivo a cargo de Sergio Paranhos Fleury (el Pastor Coronel brasileño) daba muerte a la compatriota Soledad Barrett, nieta del escritor español Rafael Barrett e hija del dirigente comunista Alex Barrett. El hecho ocurrió como parte de una operación cuyo objetivo fue mantener la actividad delatora y a favor de la represión de quien se hacía pasar por un combatiente revolucionario. Nos referimos al cabo Anselmo, pareja de Soledad.
Sobre este hecho se habló y escribió bastante. Sin embargo, muchas incógnitas e interrogantes aún subsisten en esta historia mal contada. La memoria de Soledad Barrett requiere que no nos quedemos únicamente con la versión propagada por cierta “historia oficial”, ni por aquella que solamente se queda en la epidermis de los procesos sociales. La participación de Soledad Barrett en el grupo armado Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR) y sus experiencias en Uruguay, en Chile, en Cuba y en otros países merecen ser recuperadas para entender sus utopías, para ubicar sus errores y para conocerla en su justa dimensión de luchadora por mejores condiciones de vida par los trabajadores.
Proveniente de una familia de luchadores, Soledad se destacó, además de su accionar solidario, por una especial belleza y un don de relacionarse, que la ubicaban, de inmediato, en el centro de las reuniones. Así se evidenciaba en las fiestas sociales y en los actos políticos contra la dictadura stronista, que se realizaban en Uruguay, por ejemplo. Sin embargo, su presencia se hizo más notoria cuando fue secuestrada en Montevideo -en julio de 1962- por un grupo de nazis que le tajearon el muslo, dejándole la cruz esvástica porque ella se negó a cantar consignas antirrevolucionarias. Este hecho sacudió a la sociedad uruguaya, que no se percataba de que estas acciones ya eran señales de los procesos autoritarios y represivos que vivirían los uruguayos unos años más tarde. Aquel secuestro y la acción nazi fueron trabajados por Mario Benedetti y Daniel Viglietti, que en poema y canto ubicaron además a aquella época de tantas utopías y sueños libertarios.
Luego de aquel episodio, Soledad -fiel a su condición de luchadora internacionalista- no dejó de viajar por algunos países, de donde fue adquiriendo distintas savias, pero con el mismo ideal: liberar a los pueblos de la explotación y realizarlos en libertad y democracia. Así pudo conocer los aires transformadores de Chile del socialismo de Salvador Allende; reconoció los logros y errores de la experiencia política de países de los que fue el Bloque Socialista y saboreó la peculiar construcción de la sociedad cubana, que ya era dueña de definir su proyecto libertario a pesar de los bloqueos del imperialismo norteamericano.
Soledad murió cuando tenía apenas 28 años de edad. Junto a ella murieron otros combatientes, compañeros de causa e integrantes del grupo armado Vanguardia Popular Revolucionaria (VPR). La versión más difundida de este acontecimiento relata, supuestamente, un enfrentamiento ocurrido en la “Charara de São Bento”, una especie de granja de la organización armada, donde militares se enfrentaron a los guerrilleros, dándoles muerte a todos ellos. Esa es la historia oficial. Sin embargo, existen otras versiones que, a pesar de contener muchas verdades, siguen sosteniendo algunas falsedades que deben ser esclarecidas. Por ejemplo, Soledad y Pauline, compañera de la organización, fueron detenidas y secuestradas dentro de una boutique donde se encontraban. A Pauline le destrozaron la cabeza a culatazos. Soledad fue brutalmente torturada en las dependencias policiales antes de morir. Sus otros compañeros también murieron y algunos pudieron sobrevivir.
Hay que profundizar el conocimiento de lo que realmente sucedió con esta experiencia, porque, además de demostrar el salvajismo de la represión, de la actuación delatora del cabo Anselmo, también evidenció falencias gravísimas en la seguridad revolucionaria del grupo guerrillero VPR.
Soledad, así como otros ciudadanos, no puso fronteras a sus ideales. Pudo desarrollar sus ideas en Brasil y en Paraguay. El objetivo era el mismo. Eran los tiempos en que se creía y sostenía que desde el vientre de la violencia nacería una nueva sociedad. Argentina, Uruguay, Brasil, Venezuela, Bolivia y tantos otros países daban ejemplos de esa praxis y metodología que priorizaba el valor, la valentía, el sacrificio como necesarios para alcanzar el objetivo final.
Finalmente, su escenario fue el Brasil. En el lejano estado de Pernambuco, el nombre de Soledad volvió a tener alturas insospechadas. La represión no solamente se contentó con terminar con su vida, sino que se atrevió a gestar la farsa del cabo Anselmo. Quizá el nombre de Soledad Barrett hoy no signifique nada para los nuevos militantes democráticos. La memoria de su lucha no debe ser útil ahora, únicamente, como la heroína que fue, sino que su recuperación debe englobar todos los valores, principios y maneras de encarar la vida, que fueron los desafíos de toda una generación que dio muestra de su capacidad y de su fortaleza ante la lucha por construir mejores sociedades.
* Del Grupo “Memoria”
En Brasil murió esta combatiente por la libertad y por la democracia, que fue nieta de otro gran luchador social: Rafael Barrett.
Opinión
Carlos Pérez Cáceres *
Periodista
caperca258@yahoo.es