Nacido futbolísticamente en el humilde Botafogo de Ribeirão Preto, Sócrates debe su nombre al filósofo griego que fue maestro de Platón, adjudicado por su padre autodidacta amante de la literatura. En el fútbol, este espigado mediocampista de técnica depurada y andar característico dentro de la cancha trasladó la apertura filosófica y política que caracterizó a los griegos de la era de la democracia ateniense en el siglo IV antes de Cristo.
En 1978, con 24 años y recibido un año antes como médico, llegó al club donde marcaría una época y del cual se erige en uno de sus máximos referentes históricos: El popular Corinithians. Allí contribuyó al éxito deportivo al colaborar con tres campeonatos paulistas, ganados entre 1979 y 1983. El último de ellos en un contexto particularmente demostrativo del liderazgo pluralista no solo deportivo de Sócrates, sino también político: La llamada democracia corinthiana.
Ganar o perder, no importa. Luego de que Corinthians tocara fondo en una crisis económica sin precedentes en su historia, y ante la renuncia de su presidente, un sociólogo llamado Adilson Monteiro Alves (cuyo hijo Dulio fue presidente del club en 2018-2020) se hizo cargo del departamento de fútbol y propició un espacio de diálogo a todos los niveles de la estructura del club, en especial con los jugadores, para gobernarlo. Es el inicio de la “democracia corinthiana”, un experimento de gobierno deportivo que no tiene parangón en la historia del fútbol, del cual fue Sócrates principal promotor mientras la dictadura militar daba sus últimas boqueadas, con manifestaciones multitudinarias que pedían elecciones directas y libres en las calles.
“Ganar o perder, pero siempre con democracia” fue el cartel con el que salió a la cancha Corinthians el 14 de diciembre de 1983, antes de la final del estadual disputada contra San Pablo, no solo confirmando el régimen de “una persona, un voto” que regía en el club, sino empujando a su vez por la redemocratización del resto de Brasil.
Parte del ballet de Telé. Un año antes de esta expresión del deseo popular manifestado en el fútbol (muchas veces reacio a las reivindicaciones democráticas), Sócrates fue el líder ofensivo del mediocampo del Brasil que deslumbró con su juego, por momentos lleno de magia y arte futbolístico en el Mundial de España 1982, donde quedó eliminado en semifinales contra la pragmática Italia de y Paolo Rossi, a la postre campeona del torneo al superar a los pánzers alemanes.
Sin embargo, con Sócrates (y Paulo Roberto Falcão y Zico) como uno de sus exponentes de mayor clase, aquel equipo dirigido por Telé Santana pasaría a la historia (con la Naranja Mecánica holandesa de 1974) como uno de las selecciones cuyo juego merecía alzarse con el trofeo mundial pero no lo hizo.
En 1986, menos vistosamente, Brasil fue eliminado por la Francia de Michel Platini en los cuartos de final, cerrando una etapa sin éxitos en los mundiales con Sócrates en sus filas. Habiendo debutado en un partido amistoso contra Paraguay en 1979 (goleada 6 a 0 de la Canarinha), el Doctor, como se lo conocía, marcó 22 goles con la verdeamarilla en 60 partidos jugados.
Falleció en 2011, víctima de los estragos del alcoholismo que padeció durante años. En 2017, Lula da Silva inauguró un campo de deportes llamado “Doctor Sócrates”, en homenaje a quien respetó al fútbol como arte y como democracia.
Médico, futbolista y demócrata, Sócrates nació el 19 de febrero de 1954, en Belém.
Fallecido en 2011, su paso por el fútbol brasileño y la selección marcó época.
Lo mejor que el fútbol me dio fue la oportunidad de conocer a los seres humanos. Conocí a personas que sufrieron muchísimo.