Correo Semanal

Sociolecto y lengua urbana en El Rubio, de Domingo Aguilera

El uso de la lengua urbana en la novela El Rubio, de Domingo Aguilera, actúa como un fenómeno catalizador en la práctica local y cultural en Paraguay.

Dr. Alexander Steffanell

Catedrático y crítico literario

El argumento principal en El Rubio, novela de Domingo Aguilera, se establece en un personaje cuya agencia actante refleja lenguaje en la complejidad de su universo lingüístico. Con esta obra el autor guarda distancia del ya tradicional idioma español y su supuesta pureza propuesto en ocasiones erróneamente por alguna academia. Así, explora un contingente casi desconocido en la literatura paraguaya.

Paraguay se ha caracterizado por una producción literaria bilingüe donde tanto el castellano como el guaraní son el común denominador en muchas de sus obras. Sin embargo, El Rubio introduce elementos retóricos y estéticos que emergen de las clases sociales. Por lo tanto, este estudio contribuye a la comprensión contemporánea de una literatura en evolución y afecta grandemente la cultura y el lenguaje formal, atentando contra el estilo conservador de la escritura. En la misma línea, si el lenguaje contribuye a la formación social y a la ramificación de clases sociales, definitivamente El Rubio aparece como una de esas rarezas bibliográficas en las que el lenguaje y la literatura se unen para transformar la existencia de la escritura.

De igual manera, El Rubio es una práctica discursiva, textual y sociolectal que da coherencia a una conciencia social rechazada y demonizada por la clase alta intelectual en Paraguay. En la obra mencionada, el habla como fenómeno social influye exponencialmente en la identidad cultural y la riqueza literaria. Con un vasto registro lingüístico, el texto es extenso e irreverente, impactado por un fenómeno ideológico y político. La arbitrariedad, la recursividad y la creatividad de la lengua consignada en El Rubio son exquisitamente atrayentes para los especialistas de varias disciplinas. Domingo Aguilera ha plasmado su firma en el documento que escribe, proponiendo idiolectos y sociolectos de la lengua en individuos que pertenecen a una comunidad de habla popular. El Rubio no es solamente narrativa emergente y viva, sino también explora en la crítica literaria hipótesis semióticas derivadas del mismo pueblo que habla una lengua en efervescencia y en continua evolución.

El lenguaje y el pueblo

Los códigos lingüísticos complementarios hacen parte de cada línea escrita, convirtiendo la obra en un pensamiento complejo y un texto culturalizado por la localidad del lenguaje usado. Al desviarse de la norma, en la mayoría de los casos impuesta por la RAE y los círculos literarios enclavijados en una muerte lenta del pensamiento intelectual, El Rubio se acerca mucho más a una estética en progreso, plagada de múltiples modelos en los cuales no hay diferencia entre el lenguaje y el pueblo. En efecto, no hay norma establecida; se quiebra el statu quo. El establishment se derrumba a pedazos y se da paso a un mundo en efervescente caos lingüístico, a una Babel de confusión donde el lenguaje es la cúspide de la actuación del ser humano.

Del mismo modo, y plasmando componentes sintácticos (aunque abusando de la flexibilidad del castellano estándar), pragmáticos (aunque violando las normas correctas del uso de la lengua) y semánticos (aunque trastocando agresivamente los significados), Aguilera juega con la experimentación narrativa en la estructura textual. Este autor no cree en convencionalismos; escribe con lenguaje extravagante y provocativo, consciente e intencional. Aguilera escribe a gritos un texto delirante en el cual su protagonista expele en primera persona alucinante una amalgama interminable de concatenación de palabras y semas.

El continuo monólogo interior, el cual la voz narrativa defiende, permite traslucir un tejido social paraguayo corrupto y en decadencia propiciando pensamientos discordantes en el discurso. Domingo Aguilera se transforma en un filibustero del lenguaje, roba la fallida tranquilidad de la tradición narrativa y dirige su novela hacia un maremágnum de códigos lingüísticos que hablan entre ellos mismos. En el mismo rompimiento de la tradición, el lenguaje es irreverente y con contenido sexual desenfrenado en su texto, combinándolo con un diciente sincretismo religioso.

La creatividad del Lenguaje

En el presente texto, el personaje no asume pero construye por medio de la creatividad del lenguaje un mundo de relaciones interpersonales cuyo significado solo tiene sentido a través del mismo lenguaje. Es en la lengua donde reposan los valores culturales y sociales, y es El Rubio quien desarrolla este universo lingüístico. Sin embargo, si las identidades anteriores son importantes, en la misma línea lo nacional cobija un sistema de señales y símbolos que representan una colectividad paraguaya. El sentido de pertenencia, por lo tanto, se valida a través del lenguaje y el sociolecto representado en el texto de Domingo Aguilera. Dado que la identidad nacional se configura a través de la lengua hablada y la cultura, el concepto de nación propuesto en El Rubio se define por medio del desarrollo de una imagen local y comunitaria, conectadas ambas a la producción de significados donde el Otro es el mismo lenguaje y sociolecto. Dicho texto reconfigura que la lengua estándar no solamente refleja el estado de una sociedad de hablantes, sino también la variedad lingüística y dialectal de dichos individuos.

Ante todo, El Rubio es un desafío permanente para la lengua castellana y al mismo tiempo es una colección de construcciones retóricas y figuras literarias que en cierta medida contribuyen con la expansión del sociolecto.

Por otro lado, el universo literario en El Rubio no es simple de entender dado que el habla –como producto social permanente del lenguaje y su representación gráfica– problematiza el pensamiento y los eventos cotidianos en la obra. Dichos conflictos lingüísticos radican en el excesivo (pero con propósito definido) uso de figuras retóricas, en su mayoría usadas en el sociolecto aquí representado. Aunque la escritura hace parte del habla popular y es bien claro que la base lingüística de El Rubio está arraigada en Paraguay, el libro presenta un carnaval desaforado de figuras literarias, sintácticas y fónicas, puestas en una confusión. Como resultado, es asunto de perspectiva en el fenómeno urbano, mas no rural.

La integración propuesta por Domingo Aguilera con la lengua urbana en su obra actúa como un fenómeno catalizador en la práctica local y cultural en Paraguay. Asimismo, el autor introduce una nueva diversidad lingüística emergente manteniendo firmemente un impacto en la comunidad de habla urbana. A mi juicio, Aguilera intenta romper la estratificación social –según variantes dialectales– y propone la inclusión de grupos sociales rechazados por las clases lingüísticamente prestigiosas que defienden el uso de un español académico. No hay lengua mal hablada, siempre y cuando comunique pensamientos claros y concisos, validados por la misma comunidad de habla. Con esta obra se confirma que no existe la tan mal llamada «lengua de prestigio», aunque la variedad sociolingüística de El Rubio podría ser estigmatizada por los puristas del lenguaje, aquellos que insisten que la lengua es normatividad y prescripción. Algo que en verdad no es.

El Dr. Alexander Steffanell es profesor asociado de Castellano y Literatura Latinoamericana - Director de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Lee (Cleveland, Tennessee, Estados Unidos).




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