Mi nombre es Mauricio José Vázquez Campos, tengo 18 años. Nací en Asunción el 9 de agosto de 2007. A los 12 años me diagnosticaron leucemia linfoblástica, que sería cáncer de la sangre. Hice un tratamiento de tres años en el Hospital de Clínicas.
Después, hace más de tres años empecé a hacer deportes. Antes de eso, era totalmente sedentario. En general, no me gustaba mucho el deporte.
Cuando me dieron el diagnóstico de cáncer, yo me asusté. No sabía si mañana iba a amanecer o si después iba a continuar mi vida. Lo que sí me costaba un poco era la parte psicológica, me costaba asimilar todo, pero también siempre me dieron apoyo.
Durante esos tres años de tratamiento (contra la leucemia) no hice nada de actividad física. Pero también justo fue la pandemia, que al final fue un beneficio, para mí, porque tenía que cuidarme muchísimo. Las clases del colegio fueron en gran parte virtual, tanto por la pandemia como también porque no podía ir. Y si no estaba en el hospital, estaba en casa.
El tratamiento fue con quimioterapia. No llegué a tener ningún trasplante de médula, pero fue un tratamiento muy agresivo. Mi primera internación fue de un mes y medio. Y después también tuve muchas complicaciones respiratorias.
Justo cuando iba a terminar mi tratamiento, tuve neumonía y me interné otra vez en terapia intensiva. La quimioterapia era por goteo, por inyección intramuscular y la intratecal, que es en la médula y la más dolorosa.
Y ahí obviamente no tenía mucha esperanza en el deporte. No era una idea que estaba presente. Yo estaba pensando nomás en vivir un día más y seguir. Y después, terminé mi tratamiento.
El día de mi alta fue en mi última quimioterapia. En el hospital me felicitaron todos, incluso los doctores. Después, pensé que iba a ser como una quimio más y estaba pensando en llegar a casa y descansar.
Pero pasamos por la Costanera de Asunción y ahí estaba mi familia y mis amigos. Ese día todos me demostraron mucho el apoyo y fue bastante emotivo.
Después del alta, primero eran controles semanales, después cada 15 días, luego un mes, dos meses. Ahora me estoy yendo cada seis meses. (Mauricio forma parte de la Clínica del Superviviente de la Fundación Renaci, que ayudó en el tratamiento del cáncer).
CAMINO DEPORTIVO
A mamá (Raquel Campos) le preocupaba mucho mi estado porque estaba desnutrido, con 44 kilos. En mi pierna, lo más grueso era mi rodilla. Me costaba subirme las escaleras solo.
Ella sabía que me costaba mucho el deporte, también un poco la convivencia. Porque estuve tres años aislado. Y no tenía muchas ganas de salir. Me dijo: Me iré al gimnasio, acompáñame, por ahí te gusta. Y me fui.
Y después en una, dos, tres semanas me volví a enfermar. Pero ya le agarré el gusto. Volví a irme al gimnasio. Y ya le había agarrado el gusto. Entonces, empecé a ver resultados y era también un escape, una forma de llevar las cosas. Y después empecé a entrenar.
Después de un año más o menos vi que había competencias de fuerza en el país. Y me fui a mi primera competencia. Me fui así, sin preparación específica de fuerza en el 2023. Había sacado pesos normales.
Después mi mamá me dijo: Tengo un amigo que es entrenador y nos pusimos en contacto y empecé a entrenar específicamente para eso. Y ahí sí ya empecé a ver más progreso.
Cuando tenés un objetivo es mucho más fácil entrenar. Y tenía también una motivación para hacer todas las cosas diariamente. Me hallé y encontré un lugar ahí y empecé a entrenar.
Después de un año, llegué a ser campeón nacional de powerlifting o levantamiento de pesas. Y clasifiqué al sudamericano, soy campeón sudamericano de Powerlifting en el 2024, en Bolivia.
Realmente nunca había probado un deporte tanto tiempo. Y como el gimnasio tenía que hacer por mi salud, entonces traté de combinar con algo que me gustaba.
El powerlifting se basa en sacar nuevas marcas, en ir avanzando en fuerza y entonces me motivaba mucho ir escalando en eso. Una vez que probé, me enganché.
Empecé a entrenar específico por mi cuenta y a cuidar mi dieta. El powerlifting es muy planificado porque todo el tiempo estás trabajando muy cerca de lo que es el límite de la fuerza que tienen los músculos.
La gente piensa que el powerlifting solamente es ir y levantar con toda tu fuerza y ya está. Pero no, detrás de cada levantamiento de tres segundos que se hace en la competencia, hay gente que tiene meses y años de preparación.
Mi próxima meta es el campeonato nacional, clasificatorio al iberoamericano en Brasil y al mundial, en Hungría. Primeramente, me gustaría ganar y también me gustaría establecer nuevos récords en esta categoría de menos de 75 kilos. No hay apoyo económico del Estado porque no es un deporte olímpico, como acá está surgiendo tampoco hay apoyo de empresas.
Ahora ya terminé el colegio y voy a estudiar arquitectura. También hago judo en la Secretaría Nacional de Deportes y tengo medallas.
CAMBIO DE VIDA
Cuando tuve mi diagnóstico y cuando estaba en tratamiento, incluso cuando terminé, jamás pensé que iba a estar compitiendo, que iba a ser campeón.
Mi motivación general para lo que es el deporte, más que las medallas y la emoción de competir, para mí, es una manera de honrar a Dios porque estoy tratando de sacarle el máximo provecho a mi vida. También me parece que soy testimonio para la gente que está en situaciones así.
Porque a mí, por ejemplo, me hubiera gustado mucho saber, estando mal, que hay una esperanza de que no termine mi vida, de que hay un mañana. Y realmente, para mí, también eso es mi motivación, de representar y de ser un testimonio.
A mí me gustaría que sepan que siempre están a tiempo del cambio, o sea que no solamente para la gente que está enferma o que puede ser también gente que está llevando mal su vida o que está en malas situaciones, que siempre está a tiempo del cambio, o sea que siempre el mejor momento para empezar algo es hoy.
Mi motivación general, más que las medallas y la emoción de competir, para mí, es una manera de honrar a Dios porque estoy tratando de sacarle el máximo provecho a mi vida.