Editorial

Sin reformas sustanciales el Presupuesto será ineficaz

El Presupuesto General de la Nación 2019 está en proceso de aprobación en el Parlamento. Este es el principal instrumento de la política fiscal y de la política pública en general, dado que sin recursos la posibilidad de impactar en la calidad de vida y en la economía es casi imposible. Los desafíos que debe enfrentar son múltiples: el déficit que viene acarreando desde hace unos años y el creciente endeudamiento, un ineficiente e inequitativo sistema tributario y una mala calidad del gasto. De lo que se ha podido saber, no parece que se hayan realizado reformas importantes, por lo que estos problemas probablemente persistirán y, con ello, las dificultades para contribuir al desarrollo.

El año 2018 está terminando con un leve sabor amargo. Obras estratégicas no pudieron ser iniciadas y el Metrobús fue suspendido. Algunos indicadores de 2017 publicados en 2018 dan cuenta del retroceso en algunos ámbitos y del estancamiento en otros.

Una situación como esta, que se agrega al atraso que tiene el país con respecto a la mayoría de los países de América Latina, requiere un importante esfuerzo por parte del Estado para cerrar las brechas y, sobre todo, mejorar la capacidad productiva y las condiciones de vida en el país.

El Presupuesto es el instrumento por excelencia para asignar recursos a las políticas, planes y programas públicos, por lo que el mismo debe ser capaz de garantizar un financiamiento eficiente y eficaz.

El Presupuesto no parece haber verificado cambios sustanciales. Una parte del mismo se destina al pago de salarios y otros beneficios a funcionarios. No hay evidencia de reformas en el servicio civil por lo, que finalmente, el sistema de remuneraciones mantendrá un esquema injusto, sin incentivos para quienes cumplen con su tarea con responsabilidad y compromiso.

Al contrario, las señales que está dando este Gobierno son las mismas que las de gobiernos anteriores, ya que existen contrataciones producto de acuerdos políticos y retribuciones de favores, de espaldas a criterios meritocráticos.Tampoco se ha hecho referencia a mecanismos que contribuyan a mejorar la calidad del gasto en infraestructura o en los servicios sociales.

La ciudadanía clama por un mejor transporte público, por medicamentos, insumos y mayor calidez humana de la atención a la salud y un mejor aprendizaje en las instituciones educativas. Sin embargo, hasta el momento no hay claridad con respecto a las acciones a ser implementadas, por lo que la probabilidad de que el Presupuesto no responda a las necesidades el año que viene es relativamente alta.

Sin objetivos claros en las políticas públicas no se puede esperar que el Presupuesto responda a las necesidades de las mismas. Por el lado del presupuesto de ingresos, sabemos que los altos niveles de evasión y elusión reducen las recaudaciones y limitan la disponibilidad de recursos.

Tampoco se han escuchado acciones para cambiar la situación, a pesar de que el argumento para no aumentar impuestos es el aumento de la eficiencia en las recaudaciones, es decir, el ataque a la evasión y elusión.

En este contexto de insuficiencia de recursos tributarios y la negativa de aumentarlos, el endeudamiento queda como única salida tanto para financiar las políticas públicas como para pagar los compromisos de deudas anteriores.

Desde esta perspectiva, el panorama fiscal no es muy alentador para el próximo año. Al parecer se mantienen todos los problemas heredados de años anteriores y si la actual gestión quisiera implementar cambios importantes en las políticas, el Presupuesto requerirá reprogramaciones, con lo cual la implementación tomará tiempo cuando ya habrá pasado casi un año. Esperemos que las autoridades sean conscientes de este hecho y tomen las medidas adecuadas lo antes posible. Merecemos un país mejor.

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