La llegada de El Niño se produce en contrapartida a La Niña, cuando el océano Pacífico presenta una franja de agua fría frente a las costas de América del Sur. El Niño surge con franjas de aguas cálidas, por lo que puede contribuir a elevar la temperatura global por encima de 1,5 grados centígrados, el umbral de calentamiento del Acuerdo de París, causando sequías significativas en algunos lugares y aumentando las precipitaciones extremas en otros.
Para América Latina se espera el segundo escenario caracterizado por la intensificación de las lluvias y tormentas eléctricas, lo que aumenta el riesgo de inundaciones, caídas de rayos, granizo, vientos fuertes y tornados.
Los cambios en las precipitaciones y la temperatura pueden afectar significativamente la productividad agrícola. Esto puede provocar escasez de alimentos, aumento de los precios y problemas económicos, especialmente en países que dependen en gran medida de esta actividad.
También puede haber implicaciones para la salud. El aumento de las precipitaciones en ciertas regiones puede crear caldos de cultivo para los mosquitos, lo que ocasionaría brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria, el dengue y el virus del zika.
Varios estudios anticiparon las millonarias pérdidas económicas que generaría el fenómeno climático de El Niño, de ahí la importancia de anticiparse y prevenir, lo que en términos financieros sería bastante menos costoso que no tomar medidas oportunamente.
Todas estas predicciones se están cumpliendo en el caso de Paraguay, agudizándose una crisis económica que afecta a la mayoría de los hogares paraguayos. La persistente caída de los ingresos laborales —que ya eran relativamente bajos—, el aumento de los precios de los alimentos, la pérdida de cultivos y de activos debido a las fuertes sequías, tormentas e inundaciones ya son producto en parte primero de La Niña y en estos meses de El Niño.
A pesar de que los estudios ya nos señalaban años antes la llegada de esos fenómenos, Paraguay no solo no tomó las medidas precautorias para mitigar y adaptarse, sino que sus propias autoridades y una parte de las élites económicas se dedicaron a negar la presencia de estos fenómenos agudizados tremendamente por el cambio climático.
En este mismo momento se está llevando a cabo la Cumbre Mundial sobre Acción Climática COP28 en Dubái con la presencia de autoridades paraguayas, incluyendo el presidente. La información proveniente de la participación oficial es contradictoria, ya que, por un lado, hay negación y tráfico de influencia por parte de sectores económicos privados, y, por otro lado, hay discursos oficiales rimbombantes, pero también negativas a firmar acuerdos mundiales para que nuestro país contribuya a las soluciones globales.
Estas soluciones no solo son parte de un acuerdo global, sino que le beneficiarán a Paraguay con la entrada a mercados de altos estándares de calidad que incluyen criterios ambientales. Sin embargo, al parecer, la opción es continuar exportando a mercados de baja calidad y precios por no cooperar con una transición climática justa para la población paraguaya y el mundo, beneficiando la mediocridad de un sector privado que prefiere dirigir su producción a mercados de baja calidad.
Este posicionamiento tiene como resultado la ausencia de políticas estructurales que enfrenten las consecuencias de fenómenos climáticos como El Niño y que estas sean sufridas por la población que no tiene instrumentos para mitigar ni mucho menos adaptarse. Estas consecuencias llegan incluso a la muerte. Solo en noviembre vimos morir a dos personas en raudales, así como a niños por tormentas y rayos. ¿Cuántas muertes y pérdidas económicas más deberemos esperar a que el Gobierno acepte la existencia de estos problemas y gobierne para una mayoría?