De aquel entonces (1977), los gobiernos, en todo el mundo, con pocas excepciones, han adoptado la política de (des)arreglar lo que funciona y descuidar lo que no funciona. Y esa práctica, que es mucho más antigua que el dicho de Lance, ha impregnado a todos los gobiernos del Paraguay, desde la época de la Colonia, con agregados de autoritarismo, discriminación y otros vicios.
En la era democrática, todos han sido más o menos intervencionistas, pero lo que sorprende es que el gobierno de un empresario recaiga en esa tendencia, y que lo haga, además, con un sesgo contrario a la libre empresa. Desde el exabrupto del presidente, que acusó a los empresario de “corruptos”, sin hacer distinciones, hasta más recientes arbitrariedades como la del MIC al establecer un monopolio ilegal de algunos combustibles para Petropar, coaccionando a las distribuidoras privadas, hasta la intención de la ANDE –apoyada por el Frente Guasu– de expropiar o confiscar las distribuidoras de energía de Villarrica y de las colonias menonitas del Chaco.
A la vista de estas incoherencias que reflejan la ausencia de plan alguno para el “Nuevo Rumbo”, me vienen a la mente y he releído lo que nos dijera Ruth Richardson –ex primera ministra y antes presidenta del Banco Central en Nueva Zelanda–, en el año 2000 en una conferencia en el BCP; el Gobierno se aprestaba a iniciar el proceso de reforma del Estado con la privatización de empresas públicas, iniciativa que luego fue abortada por la dictadura parlamentaria. Richardson había implementado reformas drásticas y aceleradas para esa pequeña nación, que dieron un impulso acelerado a la economía.
¿Cuáles fueron las claves del éxito en aquel proceso, según Richardson? Primero, liderazgo, voluntad política y sobre todo conciencia de los gobernantes de que no están en el cargo para provecho propio, sino para el bien del país. Segundo, Planificación; reformas cuidadosamente estudiadas con antelación. Y tercero, celeridad en su implantación. Cuando llegó al gobierno, tenía media docena de leyes urgentes cuya aprobación logró en las primeras 6 semanas, cuando el entusiasmo y la expectativa aún estaban en su auge.
No es casual que una de las leyes principales que hizo aprobar fue la de Responsabilidad Fiscal, como lo hizo el actual gobierno, para luego transigir en su violación. Otra ley de reforma de empresas públicas y de la función pública, que implicaba, en el primer caso, su privatización o liquidación en caso de inviabilidad. Además, la selección por concurso de los altos funcionarios, que son contratados por el gobierno, evaluados, promovidos o despedidos en base a resultados, a la vez que los mismos debían contratar a sus recursos humanos con las mismas exigencias de resultados.
Más de uno dirá, al leer estas líneas: “pero estamos en Paraguay, y en Paraguay no se puede”. ¿Será que debemos resignarnos a la mediocridad?”.