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Sepultureros se ganan la vida enterrando rechazo a su labor

 

En el momento indeseado y doloroso de la muerte de un ser querido son los llamados sepultureros quienes se encargan de depositarlo en su última morada en los cementerios, ya sea en una fosa o tumba común o en un lujoso panteón o mausoleo.

Ayer se recordó el día de estos singulares trabajadores públicos, en una fecha que fue proyectada hace seis años atrás por el fallecido padre Benito Páez, entonces párroco de la Iglesia de la Recoleta, y ratificada a través de la Resolución 3665/12 de la Junta Municipal de Asunción, merced a una minuta de la ex concejala Graciela Bernal.

Pese a la importancia de la labor que cumplen, los mismos sufren un inexplicable menosprecio por parte de algunos sectores de la sociedad.

Gustavo Díaz, responsable de la administración del Cementerio de la Recoleta, sostuvo que “el nombre es Día del Trabajador del Camposanto. Así como cualquier profesional tiene su día, como un abogado, médico o arquitecto, los sepultureros también. Y a pesar del rol importante que cumplimos, la gente nos denigra en muchas ocasiones”.

Indicó que el salario que perciben, con el agregado de la insalubridad, ronda en promedio G. 2.800.000, donde además se agregan tareas de limpieza, mantenimiento y otras labores.

TESTIMONIOS. Carmelo Barrios, quien desde hace 23 años ejerce la función de sepulturero, comentó que el trabajo es duro y hasta peligroso, ya que muchas veces deben bajar entre 5 y 10 metros en los sótanos de grandes mausoleos o alzar pesados ataudes en panteones que llegan a tener hasta siete niveles de altura.

“Por lo general no contamos con los equipamientos necesarios para realizar nuestra tarea con absoluta seguridad. Estamos expuestos a sufrir accidentes. Y muchas veces el sueldo que percibimos no se justifica, a lo que se suma que hay personas que nos maltratan o nos hacen de menos”, lamentó.

Por su parte, Gerardo Arévalo, jefe del Departamento de Necrópolis de la Comuna capitalina, informó que en el caso de la Recoleta solo cuentan con ocho funcionarios para atender las 18 hectáreas del cementerio. “Ellos hacen de sepultureros, limpiadores y trabajo de mantenimiento. Ya hicimos nuestro pedido a la administración central para que nos provean de un mayor número de trabajadores”.

Hay sepelios que transmiten demasiado dolor, cuando muere una madre o un angelito. William Bobadilla, sepulturero.

La gente entierra a sus muertos y luego los olvidan. Por eso hay muchos panteones abandonados. Óscar Moreno, sepulturero.

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