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En la comedia de carácter, Mi propio niño Dios, de Julio Chávez, los actores Mariel Balbuena, Anna Laura Brítez y Francisco Gubetich, del elenco Cuarta pared, logran el desafío de mantener el misterio y la tensión ante una situación por demás extraña.
La acción transcurre en el living de la casa de María Elina, una modista, y su extraña hija Dolores. Ellas invitan a Víctor, un repartidor de telas, a tomar el té. Hasta aquí todo bien, aunque lo que parece muy normal, en el desarrollo de la breve puesta (alrededor de 50 minutos), cada vez se torna más confuso y en un clima tenso y difícil de comprender.
Víctor y Dolores sienten atracción mutua, y aprovechan el encuentro para tratar de conocerse más, sin embargo, entre el deseo de que esto suceda y la realidad, hay un muro que tiene que ver con algo que Dolores oculta tras unas gafas de sol, y protege con pasión.
La tensión se produce no solo ante la rigidez de conducta de María Elina, y los cambios bruscos de humor de Dolores, sino también, ante la curiosidad de Víctor que se acrecienta a medida que pasa la hora en el atípico encuentro.
Están bien marcados los rasgos sicológicos de los personajes centrales, María Elina y Dolores, desarrollados por Balbuena y Brítez; dos rostros frescos en el medio teatral, que aunque ya tienen algunas puestas realizadas, es en esta donde se las puede observar con mayor detenimiento en sus interpretaciones centrales.
Todos los personajes consiguen mantener la atención y saben llevar el clima del estilo teatral, se nota la mano hábil del director, Jorge Báez, quien consigue dar vida a esta comedia de Julio Chávez, quien escribió y dirigió Mi propio niño Dios, con buenas temporadas en El Camarín de las Musas (Buenos Aires, Argentina, en el 2005 y de nuevo en el 2006).
Aquí se pueden apreciar además, en la interacción madre e hija, breves momentos donde se logra trasmitir una gran carga de frustraciones, impotencia, dolor y amargura, todas emociones reprimidas bajo varias capas de intentar aceptar una situación que va más allá de lo comprensible a los ojos humanos.
Además, se rescatan aspectos de la naturaleza humana, como el enamoramiento, que los protagonistas intentan infructuosamente llevar adelante.