Por Andrés Colmán Gutiérrez|NARANJAL, ALTO PARANÁ
Las mazorcas de maíz ya estaban totalmente amarillas, listas para ser recolectadas en pocos días más, y el productor brasileño Erineu Engelsing esperaba obtener cerca de 130 millones de guaraníes por la cosechas de las 44 hectáreas, en la zona de Naranjal, a unos 90 kilómetros al sur de Ciudad del Este... pero toda toda la cosecha quedó destruida, aplastada y triturada bajo el peso de una potente rolo-cuchilla, estirada por un tractor.
El operativo “anti-transgénico” se inició a media mañana, cuando el ingeniero agrónomo Alberto Romero, director de operaciones del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), y el abogado Ulises Torres, comunicaron al productor Engelsin que una brigada de expertos en bio-tecnología habían realizado pruebas laboratoriales de campo, y habían detectado que el maíz cultivado en el lugar eran del tipo transgénico, y por tanto debían ser destruidos en el mismo instante.
“Este es un procedimiento de control que estamos realizando en varias zonas del Alto Paraná, buscando hacer cumplir las normativas vigentes en cuanto a cultivos agrícolas”, explicó Romero, anunciando que la intervención continuará por otras zonas de Alto Paraná, durante toda la semana, y luego se extenderá a otras regiones del país, donde se detecten violaciones a la Ley 385/98, de Semillas y Protección de Cultivares.
“Anteriormente realizamos intervenciones de cultivos de algodón transgénico, pero esta es la primera vez que lo estamos haciendo con el maíz. También vamos a intervenir algunos depósitos donde nos han informado que se guardan semillas de soja para ser reutilizadas en otros cultivos, algo que tampoco está permitido”, destacó Romero.
GRAN PERJUICIO. El propietario de la finca intervenida, Irineu Engelsin, no quiso realizar declaraciones periodísticas, pero manifestó su reclamo de que la intervención le producía “un gran perjuicio económico” y que la aplicación de la Ley era “muy injusta”, ya que la mayoría de los productores de la zona cultivan en las mismas condiciones y hasta ahora no habían sido molestados.
“Un equipo técnico nuestro estuvo recorriendo la zona hace 22 días e hizo pruebas, y en este caso se detectó que es un tipo de maíz que dio positivo a RT (resistencia al glisfosato Randoup) como a BR (resistencia a la oruga Basilio Turigensis), lo cual demuestra que es un maíz transgénico, no autorizado.
El mismo propietario admitió que trajo la semilla de Brasil, de contrabando, y aceptó su culpa”, explicó el funcionario del Senave.
Desde el mediodía, un empleado de la misma finca empezó a destruir los cultivos de maíz, con sucesivas pasadas del tractor y la rolo-cuchilla compresora, hasta aplastar totalmente las plantas.
“Esto tiene que ser totalmente destruido como material genético y no puede ser reutilizado en ningún caso, vamos a estar fiscalizando que así sea”, declaró Romero.
La noticia de la intervención causó gran revuelo en la comunidad de Naranjal, una de las regiones de mayor concentración de productores sojeros de origen brasileño, y varios de los pobladores se acercaron hasta el lugar, para llevar su solidaridad al inmigrante Elsinger.
Aunque ninguno de ellos aceptó dar declaraciones periodísticas, no dejaron de demostrar su molestia y su indignación “por una nueva persecución del Gobierno hacia los brasiguayos”.
OTRA INTERVENCIÓN. Posteriormente los técnicos del Senave se dirigieron a la zona de Tavapy II, donde se había detectado otra finca de maíz transgénico, de superficie aún mayor que la de Irineu Engelsing, con el mismo objetivo de destruir las plantaciones.