Economía

Señales de peligro en el entorno regional

 

En las últimas semanas hemos visto un escenario regional complejo y conflictivo, que indudablemente tendrá repercusiones en nuestro país. Disturbios en Chile y Ecuador, disolución del Congreso y llamado a nuevas elecciones en Perú, regreso del peronismo al poder en Argentina y balotaje en Uruguay, entre el candidato de izquierda y el de centro-derecha.

Lo más llamativo, tal vez, sea la violencia en Chile, país que tiene los mejores índices económicos de América Latina. Un pequeño aumento en las tarifas del metro de Santiago, encendió– literalmente – una revuelta de muchos días, en la que fueron destruidas estaciones y vagones del metro, incendiándolos, como hicieron también con el edificio del diario “El Mercurio”. El aumento en el metro fue como una pequeña chispa que provocó un gran incendio en la democracia chilena.

Las lecciones que debemos asumir de estos hechos es que, en el Paraguay, vivimos en un contexto institucional cada vez más frágil. La desaceleración económica actual es un síntoma, pero también se suma la desfachatez de la clase política que sigue esquilmando a la ciudadanía en beneficio de sus propios intereses y los de un Estado paquidérmico que, en lugar de “ponerse a dieta” para reducir su sobrepeso, gasta cada vez más en engordar sus cuadros de personal, favorecer a su clientela política y dilapidar recursos en compras y contrataciones públicas dudosas.

Es preciso entender que los sistemas sociales, políticos y económicos son sistemas complejos, en los que todos sus elementos están relacionados entre sí, y una pequeña alteración en esa cadena de relaciones puede generar consecuencias desproporcionadas respecto al hecho que le dio origen. Es lo que el científico Edward Lorenz, en 1974, llamó el “efecto mariposa”, poniendo como ejemplo que el aleteo de una mariposa en el Caribe podría generar un tifón en el Mar del Japón.

La democracia paraguaya ha ido escondiendo bajo la alfombra todas estas verdades incómodas, simulando que no existen o no importan. Lo ocurrido en Chile demuestra que, tarde o temprano, los conflictos generan reacciones en cadena que el sistema político no logra contener.

En ese país no se sabe qué consecuencias políticas tendrá la revuelta: si rodará la cabeza del presidente Sebastián Piñera, si deberán convocar nuevas elecciones, y si en esa eventualidad volverá la izquierda al poder. Es la misma izquierda que, con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, también minimizó los conflictos latentes y que no es inocente de lo ocurrido.

Al mismo tiempo se reactiva el Foro de San Pablo que prohijó a los regímenes populistas de izquierda, con un nuevo rostro, el del llamado Grupo de Puebla. Alberto Fernández visita a Lula en prisión y pide su pronta libertad, mientras presiona a la justicia argentina en favor de los procesados y detenidos por corrupción, incluso a su compañera Cristina Fernández imputada en no menos de 13 causas, y a quien le protegen de la detención sus fueros parlamentarios.

Desde todos los ángulos surgen amenazas a la estabilidad política paraguaya, y no vemos que la clase política se dé por enterada.

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