Profundizando el tema he encontrado que la denuncia debiera de ser mayor.
El taxista asunceno no tiene vacaciones. Trabaja 24 horas seguidas (dos jornadas de 12 horas) y tiene un día para dormir lo que sería dos noches. Esa no es una vida humana.
Hace un mes, de noche, clavaron y robaron a un taxista casi 800.000 guaraníes. El dueño del taxi le exigió que le pagara los 800.000 guaraníes y el taxista tuvo que ir a curarse la herida a su costo y se llevó esos días sin ganar nada en casa por la herida. ¿De qué comió él y su familia? En este caso sé de la solidaridad de sus otros compañeros taxistas.
Cuando un taxi va al taller, ese día o días, el chofer no cobra porque no trabaja. ¿Come?
Si tiene gripe o dengue, ¿quién no los tiene alguna vez al año, o trabaja enfermo o no trabaja y no cobra. ¿Come?
Las ganancias diarias se reparten 60% para el dueño del taxi y 40% para el taxista. Algunos pocos le dan 50%.
Todo taxi tiene un seguro de accidente que cubre solamente a los cuatro pasajeros, lo máximo que puede llevar. Pero, no cubre al taxista. Después del accidente los pasajeros van a un sanatorio. ¿El taxista? ¿Quién paga los gastos? ¿De qué come?
“Si no está conforme que se vaya, hay cola de desempleados”.
Y para colmo, en la organización de este gremio y sus condiciones entra la politiquería.
He presentado un caso injusto que necesita solución. En ella tienen que entrar todos, los taxistas, los dueños de los vehículos, el Ministerio de Trabajo. Y tiene que quedar fuera cualquier prepotencia. Venga de donde venga.