Opinión

Se viene la pesada

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py

Alfredo Boccia PazPor Alfredo Boccia Paz

Jair Bolsonaro convirtió la inseguridad ciudadana en una de sus principales banderas de campaña.

Anunció que daría carta blanca a los organismos de seguridad que enfrentan a delincuentes.

Se cansó de repetir que los policías que asesinen a sospechosos en el ejercicio de su labor no deben ser juzgados, sino premiados.

Su puño de hierro llegaría a las cárceles, donde pediría sentencias más duras, suspendería libertades condicionales y reduciría la edad de la imputación penal.

Nada sorprendente en alguien que, cuando fue consultado sobre una investigación de Amnistía Internacional que revelaba que la Policía brasileña es la que más mata en el mundo, respondió: “Eso sigue siendo poco. La violencia se responde con violencia. Si yo disparo a un vagabundo que está robando una bicicleta, no debo responder por ningún crimen. Amnistía está integrada por canallas”.

Es tan grande el miedo en las ciudades del Brasil que el discurso simplista e inflamado de Bolsonaro ganó fuerza entre los electores de todas las clases sociales, incluso las más populares.

El hecho no pasó desapercibido para el Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital, que prohibieron que se hiciera proselitismo por dicho candidato en Ceará, en barrios bajo influencia de presidios importantes y en algunas favelas de Río de Janeiro.

Bolsonaro sabe que estas medidas no garantizan éxitos duraderos y que son complicadas de llevar a cabo, sobre todo cuando no se cuenta con mayoría parlamentaria.

Necesitaba un golpe de efecto y consiguió un fichaje sorprendente.

Sergio Moro, el juez que apresó a Lula, será su ministro de Justicia y Seguridad Pública. Le dará manos libres y suficientes poderes contra el crimen organizado.

Moro sabe que su decisión es riesgosa y tendrá un alto costo de imagen. Ofrece en bandeja al PT y a los aliados de Lula el sólido argumento de ilegitimidad judicial y persecución política, además de dejar perplejos y decepcionados a quienes admiraban su investigación en el caso Lava Jato.

Por eso, Moro, al igual que Bolsonaro, sabe que está obligado a mostrar resultados enseguida. Debe convencer que es más útil desde su cargo en el Ejecutivo que desde su juzgado de Curitiba.

Ambos asumen el 1 de enero próximo. Será un verano de ofensiva militar, policial y judicial y las organizaciones criminales lo saben. Ya tendrán tiempo de reorganizarse, como lo hicieron siempre. Pero ahora viene la etapa de repliegue a lugares más cómodos y seguros.

Ninguno de los Estados brasileños ofrece mejores condiciones que el territorio paraguayo.

Nuestras fuerzas de seguridad también saben que se viene la pesada. Una cosa son los gerentes de sucursal y otra que se nos instalen los dueños del negocio.

El nivel de violencia que conocemos puede subir de nivel. Es ingenuo pensar solo en ciudades de frontera: vendrán a Asunción.

Más vale que nos preparemos.

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