Este consenso –evidenciado por la expulsión de un alto porcentaje de los residentes y la degradación física del espacio– fundamenta el escepticismo de los profesionales hacia iniciativas como Che Róga Porã 2.Centro y la recientemente implementada Zona Urbana 16, propuesta municipal para disminuir impuestos hasta el 50% en el centro histórico.
Según los profesionales, estas medidas –la primera anunciada por el Ministerio de Urbanismo y Vivienda (MUVH), la segunda por la Municipalidad de Asunción– fallan al no proponer una estrategia integral que comprenda la complejidad económica y social del vaciamiento del centro histórico. Todos coinciden en que dichas propuestas se presentan en cambio como acciones aisladas que no cuentan con estudios técnicos sólidos.
Jorge Rubiani afirma sin rodeos que “estas iniciativas, que son oficiales, son manotazos de ahogados” que no tienen un respaldo técnico. “En primer lugar, porque todo esto tiene que ser producto de una planificación. Tiene que haber un inventario sobre qué propiedades van a poder ser utilizadas y con qué criterios, porque las propiedades son privadas, no son del Estado nacional”, asegura.
“El Gobierno no tiene gente que conozca el mundo del urbanismo o la ciencia del urbanismo”, añade, y critica el hecho de que no se consulte a los urbanistas cuando se buscan aplicar políticas para modificar la vida en la capital.
Franco Troche, por su parte, asegura que la reducción de impuestos en la Zona Urbana 16 “en principio lo único que va a hacer es beneficiar a los pocos propietarios (de los terrenos del centro) que tienen ya mucho dinero y que tienen esos terrenos como lotes de engorde que se le llaman, para la especulación inmobiliaria”.
“La gran mayoría de los desarrollos inmobiliarios y las grandes inversiones se hacen en las zonas de más alto valor inmobiliario. O sea, no es porque el valor del terreno o el impuesto en esas zonas sean altos que la gente decide” desarrollar, considera.
Rubiani, a su vez, advierte que el centro ha perdido su justificación comercial y que el equipamiento urbano actual es “sumamente precario”.
“Hay 50 oficinas públicas en un radio no mayor de 20 por 10 cuadras y el equipamiento urbano que tienen es sumamente precario. No hay veredas, no es solamente meter los cables en el subsuelo, sino que no hay ningún estímulo para invertir en las propiedades y mantenerlas relativamente accesibles, visibles, atractivas para el resto de la gente”, observa.
Expulsión. La arquitecta Mabel Causarano recuerda una situación central en el CHA: La población desplazada que nunca regresó a la zona.
“La densificación urbana apunta a concentrar la población y las actividades en áreas urbanas existentes. Para el CHA, implica incrementar la función residencial, que fue decayendo desde la década de los 90, hasta perder cerca del 80% de los residentes. La expulsión no obedece a la gentrificación, la población se fue progresivamente desplazando y prácticamente no queda población original. Es decir, no fue sustituida por otra”.
Recuerda que en 2014 ya se informó que “más de 220.000 m2 estaban desocupados”, cifra que, estima, sufrió un aumento en la última década.
“Para densificar no hace falta construir obra nueva, sino poner lo existente en condiciones de ser utilizado. La recuperación del patrimonio edilicio puede integrar la oferta de viviendas para diversas demandas –jóvenes, estudiantes, trabajadores, adultos mayores– con de los servicios y equipamientos colectivos, culturales, educativos”, apunta.
Faltan más espacios y participación ciudadana
El arquitecto Federico Franco Troche considera que el centro necesita restaurar la calidad del espacio público y devolverle a la ciudadanía su participación en la toma de decisiones que modifiquen la convivencia y el uso de la tierra en la capital.
“Las veredas no reúnen los mínimos requisitos de transitabilidad, no hay sombras, no se tienen espacios públicos de calidad. Hay que hacer un espacio donde la gente no se sienta más agobiada por el calor que generan las construcciones, sino que cuente con que se arborice nuevamente”, apunta.
Critica el hecho de que hoy en día los ciudadanos ya no participan en los proyectos para reformar la ciudad. “El proceso de participación ciudadana fue dejado sistemáticamente de lado y el resultado es la ciudad que tenemos, una falta de cuidado de los espacios públicos”, resalta.
“A pesar de la riqueza histórica, el valor patrimonial y simbólico, es alarmante la degradación del área fundacional de la nación, visible en el deterioro de las veredas, el incremento del comercio informal, la inhabilitación de las plazas enrejadas para el libre uso, la pérdida del patrimonio arquitectónico”, dice, por su parte, Mabel Causarano, quien sostiene que existe un “marcado contraste entre la memoria reavivada y alimentada durante las festividades patrias, (...) con el avance de la decadencia física, la ausencia de enfoques integrales, el progresivo debilitamiento institucional, la fragmentación e incapacidad de gestión integradora” en la ciudad.
Franco Troche inclusive pone en duda la viabilidad de un programa como Che Róga Porã 2.Centro, señalando que el límite de inversión de G. 700 millones para créditos, difícilmente permitirá soluciones habitacionales reales.
“Se me hace difícil adquirir una vivienda de G. 700 millones en Asunción hoy día. Un terreno de 12x30, en cualquier barrio medianamente urbanizado, está en ese precio. A eso hay que sumarle la construcción, lo que implica por lo menos del doble. Que el Gobierno desarrolle planes de habitación en el centro me parece una medida acertada, pero hay que ver el mecanismo de implementación”, asegura.
Coincide en que la exclusión de profesionales calificados en las decisiones estratégicas impide que estos proyectos logren verdadero impacto en el microcentro.
Rubiani, a su vez, acentúa la realidad de que “los problemas urbanos no tienen un solo origen ni un solo carácter, sino que provienen de problemas sociales, económicos, culturales” que el gobierno no está sabiendo cómo integrar en un proyecto que salve verdaderamente al centro de su persistente decadencia.