El mundo había quedado a oscuras. Solo la Virgen María era un faro en medio de tantas tinieblas. Ayer noche, mientras participábamos –si nos fue posible– en la liturgia de la Vigilia pascual, vimos cómo al principio reinaba en el templo una oscuridad total, imagen de las tinieblas en las que se debate la humanidad sin Cristo, sin la revelación de Dios.
En un instante el celebrante proclamó la conmovedora y feliz noticia: La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu. Y de la luz del cirio pascual, que simboliza a Cristo, todos los fieles recibieron la luz: el templo quedó iluminado con la luz del cirio pascual y de todos los fieles. Es la luz que la Iglesia derrama sobre toda la tierra sumida en tinieblas.
“El recorrido del cristiano se realiza en la Resurrección. Lo afirmó el papa Francisco en su homilía de la misa matutina celebrada en la Casa Santa de Marta. Al comentar las palabras de San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, el Pontífice subrayó que los cristianos parecen tener dificultades para creer en la transformación del propio cuerpo después de la muerte.
El Santo Padre centró su homilía en la primera lectura en la que San Pablo realiza una “corrección difícil”, “la de la Resurrección”. El Apóstol se dirige a la comunidad de los cristianos de Corinto, quienes creían que “Cristo ha resucitado” y “nos ayuda desde el Cielo”, pero no era claro para ellos que “también nosotros resucitaremos”.
“Ellos –dijo Francisco– pensaban de otro modo: sí, los muertos son justificados, no irán al infierno –¡muy lindo!– pero irán un poco en el cosmos, en el aire, allí, el alma delante de Dios, solo el alma”. Por otra parte, prosiguió explicando el Papa, también San Pedro “la mañana de la Resurrección fue corriendo al Sepulcro y pensaba que habían robado su cuerpo”. Y así también María Magdalena. “No entraba en su mente –observó Francisco– una resurrección real”. No lograban comprender ese “pasaje nuestro de la muerte a la vida”, a través de la Resurrección.
Al final, comentó el Obispo de Roma, “han aceptado la Resurrección de Jesús porque lo han visto”, pero “la de los cristianos no era comprendida”. Y recordó que cuando San Pablo va a Atenas y comienza a hablar de la Resurrección de Cristo, los griegos sabios, filósofos, se asustan:
“Pero la resurrección de los cristianos es un escándalo, no pueden comprenderla. Y por esto Pablo hace este razonamiento, razona así, es tan claro: ‘Si Cristo ha resucitado, ¿cómo pueden decir algunos de entre ustedes que no existe la resurrección de los muertos? Si Cristo ha resucitado, también los muertos resucitarán’.
Está la resistencia a la transformación, la resistencia a que la obra del Espíritu que hemos recibido en el Bautismo nos transforme hasta el final, en la Resurrección. Y cuando nosotros hablamos de esto, nuestro lenguaje dice: ‘Yo quiero ir al Cielo, no quiero ir al Infierno’, pero nos detenemos ahí. Ninguno de nosotros dice: ‘Yo resucitaré como Cristo’: no. También a nosotros nos resulta difícil entender esto”.
Francisco añadió que “es más fácil pensar en un panteísmo cósmico”. Y esto a causa de “la resistencia a ser transformados, que es la palabra que usa Pablo: ‘Seremos transformados. Nuestro cuerpo será transformado’”.
La Resurrección –dijo también el Papa– “será como un despertar”. “Allí está el fin, para saciarnos de la imagen del Señor. La identidad cristiana es un camino, es un camino donde se está con el Señor; como aquellos dos discípulos que ‘estuvieron con el Señor’ toda aquella tarde, también toda nuestra vida está llamada a estar con el Señor pero –al final, después de la voz del Arcángel, después del sonido de la trompeta– permanecer, estar con el Señor”.
(Del libro Hablar con Dios y http://www.news.va/es/news/la-identidad-cristiana-se-realiza-con-nuestra-resu)