Las perspectivas no son muy halagadoras, si se tiene en cuenta la enorme cantidad de gente que se agolpó ayer en la Terminal de Ómnibus de Asunción, tratando de adelantar los viajes al interior antes de que se suspendan los servicios de buses de corta, mediana y larga distancias, justamente para tratar de impedir que los portadores del virus diseminen aún más los contagios.
Las vacilaciones del Gobierno y las muchas brechas que exhibe del decreto, como el de impedir que haya viajes dentro del territorio, pero en cambio permitir que personas con recursos puedan salir de vacaciones a países con altos niveles de contagios, como el Brasil, han generado muchas críticas en la ciudadanía, principalmente de trabajadores informales y sectores con escasos recursos, que una vez más se ven dificultados de realizar actividades económicas y laborales que les permitan ganarse el pan, sobre todo cuando esta vez no hay programas de ayuda social que permitan paliar los efectos negativos.
Sin embargo, ante el crítico estado de salud, es necesario respetar la cuarentena y disponerse a conmemorar nuevamente una Semana Santa en modo Covid.
Ayer había casi cien personas gravemente enfermas de coronavirus que necesitaban internarse en terapia intensiva, pero ya no encontraban lugar, porque todas las camas estaban ocupadas. El índice de muertes por la pandemia ha alcanzado cifras promedio de un fallecimiento cada media hora. Ante la poca esperanza de contar con vacunas en cantidad suficiente en poco tiempo, solo queda hacer un nuevo sacrificio de quedarse en casa y salir solo para cuestiones esenciales, con todos los cuidados sanitarios de rigor, ya que es la única manera de dar un respiro a los colapsados hospitales y trabajadores de salud.
Este tiempo de Semana Santa, que lo tendremos que vivir nuevamente en un reducido núcleo familiar, será también un momento oportuno para hacer una profunda reflexión, entendiendo que los cambios que el país requieren, dependen, de nuestra activa participación social y política.
Quienes la vivirán desde su fe religiosa, la tendrán que hacer principalmente en una modalidad virtual.
La Semana Santa también es una época privilegiada para hacer efectiva la solidaridad cristiana, ayudando a quienes más necesitan, principalmente a las muchas familias con personas que en esta particular coyuntura se han quedado sin trabajo y sin ingresos.
Este tiempo es sobre todo propicio para hacerles llegar nuestro apoyo, cada uno de acuerdo con sus propias posibilidades, y siempre teniendo en cuenta las medidas de protección.
Esta será una buena manera de contribuir a una mejor convivencia y a superar los desafíos de un tiempo crítico.