01 may. 2026

Religiosa cumple 50 años de servicio a la juventud

La hermana María Dolores Serrano (75), más conocida como la hermana Lola, cumplió ayer 50 años de vida como religiosa dentro de la congregación Esclavas del Divino Corazón.

Lo celebró con una eucaristía en la Iglesia Sagrada Familia, del barrio Tablada Nueva, donde activa en la pastoral, y con un fogón animado por jóvenes del barrio en el que vive y amigos que vinieron de Argentina, el otro país donde misiona.

Recuerda como ayer el día de su consagración en su España natal, un 16 de julio de 1959, momento en que optó de por vida servir a Dios en los jóvenes y necesitados.

“Desde que entré al convento nunca dudé que Jesús llenaba mi corazón. En él encuentro un amor maduro, pleno, es el amor de toda mi vida. Estoy muy emocionada, como en una nube, dándole gracias al Señor. Siempre te da mucho más de lo que tu anhelas”, señala Lola.

Comenta que desde siempre eligió trabajar con los jóvenes por todo lo que ellos transmiten. “Siempre estuve con ellos. Es una atracción que me llega, por sus inquietudes, sus sueños, su alegría, su deseo de verdad y sinceridad. De transformar el mundo, de hacerlo más fraterno y solidario. Están cansados de mentiras, de todos los que hablamos y no lo vivimos”, agrega.

APOSTOLADO. Desde febrero de este año, Lola está de nuevo en el país, tras haber vivido durante dos años en Santa Fe (Argentina).

La primera vez que llegó a Paraguay fue en el 2000. En ese entonces, trabajó como educadora del Colegio Técnico Javier, y el de Fátima. También en la ciudad de Ayolas, en la guardería Madre Celia, de su congregación.

Luego viajó a Argentina (a Santa Fe) y la última vez que estuvo en el país, antes de que lo hiciera este año, fue durante el 2005 y 2006, en Ayolas.

EL LLAMADO. Lola nació en Marchena, Sevilla (España). A los 19, mientras cursaba el primer año de su segunda carrera, el profesorado en Ciencias Económicas, en la universidad de Málaga, comenzó a sentir más fuerte el llamado de Dios.

“Salir con los chicos, con la barra, no me llenaba por dentro. Ese año me había quedado en una materia de la facultad. Fuimos a veranear con mi familia a Málaga, me iba por la mañana para estudiar y me quedaba mirando el mar. En esa inmensidad que no tiene límite descubría a Dios”, rememora la religiosa.

Esas vacaciones le marcaron la vida. Ni bien terminaron fue a hablar con una religiosa, quien le aconsejó charlar con un sacerdote jesuita.

“El cura me dijo: ?Usted tiene un llamado de Dios’. Me quedé muerta, no podía imaginar. Durante dos años recé mucho para saber el sueño que Dios tenía para mí”, explica Lola.

En 1956 entró a la consagración Esclavas del Divino Corazón y se consagró en el 1959. En 1967, la enviaron como misionera a Argentina y Paraguay, países donde seguirá misionando durante toda su vida, hasta que Dios quiera.