Por pa?i Oliva
oliva@rieder.net.py
Cuenta Eduardo Galeano en su Libro de los abrazos que varios misioneros fueron al Chaco paraguayo y hablaron de religión delante de un cacique. Aquel hombre los escuchó atentamente. Cuando acabaron los misioneros esperaron un comentario del cacique. Éste permaneció en silencio un rato. Luego les dijo pausadamente “Esto rasca, rasca mucho”. Y siguió callado. Al fin sentenció “Rasca, pero no rasca donde pica”.
Animo a que lean el libro de Eduardo Galeano. Entreteniendo hace pensar.
Eso de que “rasca donde no pica” se puede aplicar a muchas circunstancias. Y es muy importante en este proceso. Podemos hablar mucho y no tocar aquello que se está necesitando.
Cuando tenemos que dar un paso adelante, ¿qué tendríamos que decir a las familias? ¿Qué está deseando la juventud que le digamos y, por no hacerlo, ellos nos ignoran? El pueblo empobrecido del Paraguay ¿qué está manifestando con sus silencios y con las ocupaciones?
A nivel de las iglesias me preocupa aún más este “rasca donde no pica”. Escucho sermones en las iglesias y prédicas de todos mis hermanos. Y me pregunto si eso es lo que necesita oír nuestro pueblo cuando está amaneciendo en el país.
Ha llegado la hora de que nos reunamos los que tenemos la posibilidad o el deber de orientar a nuestros semejantes. Y, aprendiendo de ellos, poder acertar en lo que les vamos a decir.