Por Miguel H. López - En TW:@miguelhache
El asesinato del dirigente campesino Benjamín Toto Lezcano, con 17 balazos de un rifle FAL frente a su casa, recuerda mucho a la ejecución de Vidal Vega, en Curuguaty, aniquilado en un operativo casi idéntico.
En el caso de Vega, en la madrugada del 1 de diciembre llegaron dos encapuchados en una moto y frente a su casa, en presencia de su esposa e hijos, lo ejecutaron con 4 disparos de escopeta. Horas después el fiscal José Zarza habló de un ajuste de cuentas y remitió a la idea de las mafias regionales. La comunidad del dirigente rechazó tal posibilidad y explicó que el asesinado era nada menos que el encargado de realizar las gestiones de recuperación de las tierras de Marina Cué, tras la masacre donde murieron 17 personas; y que además era testigo clave de aquel caso que fue usado como principal motivo por los parlamentarios para dar un golpe político y destituir al gobierno de Lugo. La Comisión Interamericana de DD. HH. y el representante de Naciones Unidas en el país reclamaron al meteórico gobierno de Franco el esclarecimiento del hecho y el castigo de los responsables. La Policía negó en su respuesta que se tratara de “una quema de archivo”. La causa está empantanada. ¿A quién le convenía la desaparición de este dirigente campesino? La respuesta que se deduce es la misma que denuncian hasta hoy sus familiares.
En el caso de Toto Lezcano, la historia es similar. En la noche del pasado martes, dos desconocidos llegaron en una motocicleta hasta su vivienda de Arroyito. Descendieron y a quemarropa lo acribillaron con 17 de 20 disparos de rifle. Horas después la fiscala Dora Irrazábal dijo que en la zona los ajusticiamientos son comunes y remitió la idea a los mafiosos del narcotráfico. La policía, inmediatamente, habló de supuestos vínculos con el Ejército del Pueblo Paraguayo. En las organizaciones campesinas, los núcleos de DD. HH. y grupos sociales, sin embargo, la teoría común es que el dirigente fue silenciado por su militancia campesina y de defensa de la soberanía alimentaria y el medio ambiente.
Lezcano era un conocido dirigente agrario. Integraba diversas organizaciones campesinas, y en los últimos tiempos, aparte de la lucha por la tierra, sus acciones promovían la resistencia al avance de los sojales en el país, repudiaba el ingreso de la semilla transgénica que decía destruiría definitivamente la economía campesina; y era un férreo opositor al desembarco de la transnacional empresa de aluminios Rio Tinto Alcan en Paraguay, principal estandarte “de progreso” reivindicado por el gobierno de Franco en los primeros 6 meses, pese a la oposición de diversos sectores de la población.
¿A quién le beneficia la muerte de Toto Lezcano?
La respuesta no debe ser tan difícil de pensar.