En la Navidad de 1984 recuerdo haber asistido a la proyección de una película de particular encanto. Llevaba por nombre “Gremlins”, su director es Joe Dante y la producción de Spielberg. Narraba una historia sencilla en la que un padre, pensando en qué obsequiar a su hijo, compra a un oriental, de una casa de objetos exóticos, un pequeñísimo ser con particulares características, llamado Mogwai. A ese ser encantador y dulce había que dedicarle enorme cuidado, como el de no alimentarle después de media noche, no mojarle, y no exponerle a la luz del sol. Todo esto, en principio, parecía sencillo y divertido. El joven y el pequeño extraño ser vivían en plena felicidad, hasta que, por determinadas circunstancias de descuido, se fueron infringiendo las leyes, y esa tiernísima criatura se transforma en un malvado y horrible ser (gremlin) que se multiplica aterrando y castigando a toda una población. Pese al carácter comercial de la película, me llamó la atención esa maravillosa metáfora que subliminalmente escondía: “Todo aquel que infrinja las leyes naturales será víctima de la misma naturaleza”. Existe un orden natural e inquebrantable que maneja el cosmos, y, quiérase o no, el mismo debe ser respetado. En ese entonces, hablar de “ecosistema” o de “ecología” eran para un gran sector de la población latinoamericana términos relativamente nuevos, a los que no se daba mayor importancia. Recuerdo que en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Piloto de Bogotá (1974), se incluyó Ecología como materia obligatoria, pese a la oposición de un sector del alumnado que consideraba una perfecta pérdida de tiempo. Hoy, iniciando la segunda década del siglo veintiuno, en el mundo, y particularmente en países como Paraguay, podemos corroborar que esa ficción cobra una vigencia muy grande. El maltrato permanente a la naturaleza, la inconsciencia en el manejo de los bienes naturales, el turismo y la industria depredadora van contaminado el ambiente a pasos agigantados. Por ejemplo, el mal uso del agua hace que esta vaya siendo más escasa día a día. La tala indiscriminada de montes, el deshielo artificial de glaciares, la basura que como una peste imperceptible consumen la salud y el medio; entre otros factores, van alterando en forma rápida las condiciones del planeta, a tal punto que ya podemos percibir serias modificaciones en la temperatura de la Tierra. Para concluir, todo esto que estamos viviendo en forma dramática en Paraguay con la aparición del dengue es solo una forma de reclamo de la naturaleza, entre otras cosas, como respuesta a la deforestación indiscriminada de montes. Los mosquitos, al perder su hábitat natural, se vuelven a ese otro espacio, que son nuestras ciudades. Existe una ley inexorable de causa-efecto: “Todo lo que hagas se te devolverá”. ¡Y lo estamos pagando con el dengue, Y CON CRECES! ¿Qué vendrá después?