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Prepararnos para recibir a Jesús

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 8:5-11

Toda preparación debe parecernos poca, y toda delicadeza insuficiente para recibir a Jesús. Así exhortaba San Juan Crisóstomo a sus fieles para que se dispusieran dignamente a recibir la Sagrada Comunión: “¿Acaso no es un absurdo tener tanto cuidado de las cosas del cuerpo que, al acercarse la fiesta, desde muchos días antes prepares un hermosísimo vestido, y te adornes y embellezcas de todas las maneras posibles, y, en cambio, no tengas ningún cuidado de tu alma, abandonada, sucia, escuálida, consumida de hambre?”.

El Señor se alegra también cuando ve nuestro esfuerzo por estar bien dispuestos para recibirle. Meditemos sobre los medios y el interés que ponemos en preparar la santa misa, en evitar las distracciones y desechar la rutina, en que nuestra acción de gracias sea intensa y enamorada, de forma que nos haga estar unidos a Cristo todo el día.

Pensemos al terminar nuestra oración como recibió María a Jesús después del anuncio del ángel. Pidámosle que nos enseñe a comulgar “con aquella pureza, humildad y devoción” con que ella le recibió en su seno bendito, “con el espíritu y fervor de los santos”, aunque nos sintamos indignos y poca cosa.

El papa Francisco a propósito de la lectura de hoy dijo: “Si el pastor no arriesga, no encuentra. No se queda parado después de las desilusiones, ni se rinde ante las dificultades; en efecto, es obstinado en el bien, ungido por la divina obstinación de que nadie se extravíe. Por eso, no solo tiene la puerta abierta, sino que sale en busca de quien no quiere entrar por ella. Y como todo buen cristiano, y como ejemplo para cada cristiano, siempre está en salida de sí mismo. El epicentro de su corazón está fuera de él: Es un descentrado de sí mismo, centrado solo en Jesús. No es atraído por su yo, sino por el tú de Dios y por el nosotros de los hombres”.

(Frases de http://www.homiletica.org/francisfernandez y https://es.catholic.net).

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