Correo Semanal

Preocupa el estado de algunas lenguas

 

Miguel H. López

Susy Delgado, Premio Nacional de Literatura 2017 y cultora destacada del idioma guaraní, trabajadora de la palabra, como se define, habla en esta entrevista preocupada por el destino de las lenguas indígenas y considera oportuno el llamado de las Naciones Unidas para hacer algo al respecto.

–Paraguay se adhirió al Año Internacional de las Lenguas Indígenas 2019, instituido por la ONU. ¿Cuál es la trascendencia de dedicar un año entero a un asunto casi siempre discriminado, olvidado, despreciado..?

–Creo que es enorme, porque el Paraguay es heredero de una de las lenguas americanas –el guaraní– que han llegado al tercer milenio con mayor vigor, además de una veintena de otras lenguas indígenas, y, aunque nosotros veamos todavía muchas postergaciones para nuestros idiomas autóctonos, desde el exterior se ve con interés nuestro proceso, por haber alcanzado ciertas herramientas, como la Ley de Lenguas y las instituciones dedicadas específicamente a este acervo cultural, como son la Secretaría de Políticas Lingüísticas y la Academia de la Lengua Guaraní, sin olvidar la oficialización del guaraní en la Constitución del 92. Los grandes centros académicos del mundo dedican –a nuestro caso– cátedras, congresos y publicaciones en un número muy superior al que hacemos dentro del país. Esta situación nos ubica en una vidriera especial que ya no es nueva, pero aumenta, este año. Además, era una deuda que teníamos también “hacia adentro”, frente a la propia sociedad paraguaya, heredera de un legado tan valioso, que señala todavía sensibles costados de postergación. Es la oportunidad de reflexionar profundamente sobre esta riqueza, no solo de homenajearla. Ojalá estemos a la altura del desafío.

–¿Por qué son importantes los idiomas, las lenguas?, ¿por eso deben ser salvaguardadas, protegidas, difundidas, revitalizadas, mantenidas?

–Son sencillamente la expresión cultural más profunda, fundamental, del ser humano, vehículo de todo su saber, instrumento de su instintiva y vital necesidad de comunicarse con el otro y de su misteriosa y fascinante capacidad de crear belleza. El pensamiento guaraní nos enseña que el ser humano se hace más sabio y virtuoso a través de la palabra, lo que se condensa maravillosamente en el ñe’ê, que une el me’ê, que es dar, con el ñe’ã, el alma. Las lenguas son el apytu’û de las culturas, que a pesar de sufrir procesos de declinación en muchos casos, traen a nuestra vida de hoy, elementos cuya antigüedad y densidad somos incapaces de determinar, que, asombrosamente han sobrevivido. Muchas lenguas han desaparecido y desaparecen lamentablemente, pero por suerte, todavía sobreviven cerca de 7.000, según las estimaciones. Y de estas lenguas, unas 4.000 serían las habladas por pueblos indígenas, que, sin embargo, constituyen apenas el 6 % de la población mundial. En suma, creo que es un año que toca la vena más sensible del ser humano.

–¿Cuál es la situación de las lenguas indígenas en el país?

–Todos manejamos hoy en día ciertas informaciones que nos indican la situación preocupante de algunas lenguas habladas en nuestro país, como las del guaná y el manjui, y conocemos también el trabajo meritorio que realizan la Secretaría de Políticas Lingüísticas y algunas organizaciones privadas, tratando de fortalecer y salvaguardar lo que queda. Pero es mucho lo que falta.

Desde una perspectiva personal, puedo hablar del gratísimo hallazgo que pude hacer con mis talleres literarios y otros caminos de búsqueda en el interior, de la gran vitalidad que tiene todavía el guaraní, aun en zonas vulnerables, como las fronterizas, y que se expresa en el cultivo de esta lengua, especialmente, en la poesía. El interior de nuestro país es una cantera riquísima de poetas desconocidos, o conocidos apenas en sus comunidades, cuyas obras han llegado al libro en casos muy contados y son difundidas en las radios comunitarias, los festivales populares... Es una literatura marginal, menospreciada por algunos, pero al mismo tiempo signo de la gran vitalidad de una lengua que en nuestros tiempos es avasallada no solo por el castellano, sino por un verdadero javorái lingüístico de múltiples acentos. Y si bien estamos hablando de una lengua ya mestizada, es la herencia más preciada que recibimos de nuestros ancestros indígenas, que guarda huellas profundas de su cultura. Umi ñe’ẽyvotýpe jajuhu ñande ypykuéra rapykuere…

–¿Qué puede hacerse para que los otros idiomas indígenas (19, originadas en 5 raíces lingüísticas) logren visibilidad, trascendencia e interés para el Estado?

–Estamos mejor que hace dos o tres décadas, pero falta un mayor apoyo a las instituciones y organizaciones que hacen esfuerzos loables por alcanzar esos objetivos. La Secretaría de Políticas Lingüísticas debería contar con un presupuesto mejor, digno de la delicada y crítica problemática que tiene en manos. Creo también que desde posiciones y roles más modestos, se puede y se debe colaborar con este proceso de afirmación de nuestras lenguas. Jaguata mbeguetereínteko opaite mba’épe, ha oï heta mba’e noha’ãrõvéimava…

–Hay 6 idiomas indígenas (manjui, guaná, angaité, sanapaná, tomárãho e ishir) en peligro de extinción en Paraguay, mientras que los demás sufren la presión de la sociedad envolvente que los debilita, como al guaraní de las comunidades (Avá, Mbya, Paî, Aché, Occidental) que están siendo suplantados (en muchos casos) por el guaraní paraguayo. ¿Hay algún camino para frenar esta homogeneización?

–Observando un poco lo que pasa con las lenguas, resulta llamativo que en tanto algunas se muestran directamente más vulnerables y en claro peligro de extinción o suplantación paulatina, otras muestran como “dos caras”, ya que por un lado sufren el avasallamiento de lenguas con mayor capacidad de penetración y dominio, pero al mismo tiempo ejercen su propia presión sobre otras que se hallan en situaciones desventajosas. Es lo que pasa con el guaraní nuestro, el paraguayo, no podemos negarlo. Ciertamente la idea y los signos de esa homogeneización que asoma son asustadores... Me atrevo a señalar que todas las lenguas merecen y necesitan atención y estímulo para vigorizarse y pervivir. Y solo puedo apelar a esa fuerza antigua y extraordinaria que trajo hasta el tercer milenio a las lenguas que sobreviven…

–Las culturas indígenas están indisolublemente ligadas a la tierra y al territorio, sin ellos no existen. En nuestro país hay un alto índice de despojo –para beneficiar al agronegocio– y de no restitución. En ese contexto, ¿cómo lograr la pervivencia de las lenguas si su elemento material, totalizador, generador de universos simbólicos, está reducido, esquilmado o directamente no existe?

–La pervivencia segura de las lenguas y las culturas que ellas expresan se logrará cuando nos atrevamos a asegurar la tierra para sus pueblos.

–En el caso particular del guaraní paraguayo, ¿qué acciones y programas podrían ayudar a revitalizarlo?, considerando que la población cada vez lo habla menos porque muta a una de mezcla progresiva con el español, aparte de registrarse una importante situación de diglosia…

–Todas las lenguas necesitan canales de expresión, de vigorización y de reconocimiento, pero algunas son muy discriminadas en el reparto. Para las lenguas minorizadas o en declinación, habría que multiplicar esos canales, que deberían recorrer desde los ámbitos de la educación hasta los del arte, pasando por todos los terrenos de la vida social. En cuanto a los procesos de mezclas, he aprendido que son normales e inevitables. Los estudiosos dicen que las lenguas que sobreviven son las que han sabido “contaminarse”. Y hay una verdad de hierro que desconoce totalmente los gustos y las posturas sobre este tema: los pueblos son los dueños de las lenguas. El guaraní empezó a “bastardearse”, mucho antes de la llegada del castellano a Sudamérica, porque ya había contactado con otras lenguas del continente, y el producto de ese largo, indibujable camino es el que ha llegado a nosotros. Por supuesto que aquello que todavía existe en la memoria debe ser preservado, y estimularse su utilización, pero los procesos de transferencia lingüística son capítulos legítimos de la historia de las lenguas, que responden a necesidades legítimas de los pueblos.

–¿Alguna reflexión última?

–Desde mi condición de escritora, entiendo que debo asumir esa amalgama “bastarda” y caótica en la que hoy se mezclan no solamente elementos del castellano, sino de muchas otras lenguas que nos invaden –acentos gratos y no gratos–, con el gran desafío de intentar una estética con ella. Insistir en la búsqueda de una pureza que no existió nunca es acentuar el kora que encierra y aparta al guaraní del mundo. Tetã ambuépegua oñembojase guaraníre, oikuaase pe mba’e porãita ha’e oguerúva hetepýpe; guaraní oñemongetava’erã ambue ñe’ãnguéra ndive, oñomombarete haguã oñondivepa. Péicha che ahecha…

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