Un tema que ha sorprendido a muchos analistas económicos y está generando enormes polémicas entre el empresariado y el Gobierno es la gran contradicción entre la caída de las ventas de este año y el crecimiento de nuestro producto interno bruto (PIB) a tasas superiores al 11%.
En este breve artículo voy a intentar explicar, resumidamente, las causas de esta aparente contradicción y el verdadero funcionamiento de nuestra economía.
La economía paraguaya realmente se compone de tres economías bien diferenciadas y con poca conexión entre ellas: una es la economía agropecuaria moderna, la otra es la economía campesina y la tercera, la economía de las ciudades.
La economía agropecuaria moderna es totalmente dependiente del clima. El año pasado la sequía hizo desplomar el PIB agropecuario en un -21% y este año las buenas lluvias lo harán crecer más del 38%.
Esta volatilidad agropecuaria ha afectado poco al PIB de los otros sectores, que crecieron un 5,5% el año pasado a pesar del desplome por la sequía y van a crecer solamente un 5,6% en un año de boom agrícola.
Esta estabilidad en el crecimiento del PIB de los otros sectores, a pesar de la volatilidad del PIB agropecuario, nos demuestra la escasa conexión entre ambos sectores.
La otra economía, la campesina, también es dependiente del clima, pero lo es también de las remesas que vienen del exterior, especialmente de la Argentina.
El clima este año ha sido terriblemente injusto socialmente, porque ha llovido bien en la zona rica sojera y hemos tenido una gran sequía en la zona pobre del norte.
En esa zona, más de 20.000 familias han visto su producción y sus ingresos afectados negativamente y consecuentemente su capacidad de consumo se ha reducido.
La caída de las remesas –especialmente de la Argentina que disminuyeron en más del 25%– también ha afectado fuertemente el ingreso de miles de personas de escasos recursos, que mensualmente reciben dinero de sus familiares que viven y trabajan en el exterior.
La tercera economía, la de las ciudades, es donde se observa una fuerte caída de las ventas, las cuales se deben fundamentalmente a tres grandes factores.
Un primer factor ha sido la gran depreciación del real, que ha encarecido para los brasileños las compras en nuestras ciudades fronterizas y consecuentemente ha tenido un gran impacto en las ventas de los comercios de dichas zonas.
Un segundo factor es el enorme contrabando proveniente de la Argentina, debido a la gran diferencia cambiaria con dicho país.
Nuestras tres ciudades más grandes tienen enfrente a una ciudad argentina; Asunción a Clorinda, Encarnación a Posadas y Ciudad del Este a Puerto Iguazú. El ingreso de mercaderías de contrabando y el traslado de la gente a comprar a esas ciudades fronterizas, es otra de las causas de la caída de las ventas en los comercios de las grandes ciudades.
El tercer factor lo encontramos en la “brusca frenada” que le puso el gobierno de Cartes al funcionamiento del Estado. La suspensión de todas las licitaciones para las obras públicas y los atrasos en el pago a los proveedores, han tenido un impacto negativo en el ingreso de mucha gente y consecuentemente en su consumo.
Si a esto le sumamos el congelamiento salarial a más de 250.000 funcionarios públicos, producto de la nueva Ley de Responsabilidad Fiscal, vemos que la frenada es tanto en la inversión como en el gasto.
En resumen, la economía agropecuaria moderna va a crecer muy bien por las buenas lluvias, la economía campesina está afectada por la sequía y la caída de las remesas, mientras que la economía de las ciudades sufre por la depreciación del real, por el contrabando de la Argentina, y por la brusca frenada del gobierno de Cartes.
Esto explica por qué a pesar del gran crecimiento del PIB, las ventas se han desplomado y el malestar campesino se ha incrementado.