Liberales no aprenden. Podrían haberse posicionado fácilmente como la verdadera fuerza política que se supone son, pero no, prefieren hundir al adversario dentro del propio partido, prefieren que alguien de afuera llegue y no ese que tiene su misma camiseta; los azules añoran la cima, aunque ya están demasiado acostumbrados a servir de auxiliar a los fines de otros. La falta de respeto al vicepresidente que, a fin de cuentas, es el cargo más alto que tienen. Los insultos entre los legisladores. El desinterés por realizar una convención que defina claramente una ideología y por elegir un líder a quien respetar. El juicio político al único liberal en el Tribunal Electoral. Todos ejemplos de la responsabilidad que tienen los numerosos y pendencieros dirigentes en la tranquilidad con que Fernando Lugo nos mantiene en la anarquía estatal. Si hoy ya lo insultan con virulencia mientras permanecen en el gobierno, les será prácticamente imposible encontrar argumentos cuando se acerque el 2013. El PLRA sirve de sostén a las dos personas que menos respeto les han demostrado: el presidente de la república y Lino Oviedo. Las internas para las municipales serán una excelente prueba, pero este mismo panorama ya se vivía en las anteriores y nada cambió, no hay señales de que haya evolucionado el Partido Liberal.
Paraguay enseña diplomacia al mundo. El Ejecutivo se empeña en repetir que no reconocerá las elecciones realizadas en Honduras, con una prisa que sólo puede interpretarse como un mensaje a sus propios compatriotas de que en este país eso no puede ocurrir. Y nadie quiere que ocurra, ya vieron y entendieron quienes pudieron haber buscado el “atajo” del golpe que no sale barato el asunto, es más fácil buscar un juicio político, o en todo caso menos difícil. Estados Unidos y otros países de la región ya aceptaron los resultados de los comicios, cuando le sigan Europa y Brasil le será muy incómodo al Paraguay ratificarse en el rechazo sin demostrar abiertamente que no es capaz de decidir solo y que simplemente se toman las decisiones o por orden de Chávez o por ponerse, otra vez, en contra de todo lo que haga EEUU. Hubiera sido mejor no manifestarse y esperar a que las naciones relevantes y con verdadera política exterior sienten postura definitiva y ahí adherirnos a lo que realmente sea justo y conveniente para nosotros y no para demostrar el poder de convocatoria de otros.
EPP se alimenta del abandono estatal. De ser unos forajidos lunáticos, ideologizados en extremo, los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo se ganaron el respeto (como se le respeta a un escorpión) y el temor bien fundado de todo habitante de este país que sabe que no hay todavía un Estado organizado capaz de proveerle de la seguridad básica que necesita. El que los anteriores gobiernos -¿cuántas veces habrá que repetir que eran colorados para enfatizar el mal?- no hayan querido o no hayan podido controlar lo que hoy se dice que se sabía todo el tiempo no es justificativo suficiente para explicar los escasos resultados obtenidos. Puede que ahora se esté buscando el asesoramiento adecuado, tal vez se estén adquiriendo equipos y entrenando adecuadamente a agentes para actuar en casos tan delicados como el de la guerrilla armada, pero todo eso se tendría que haber hecho antes del secuestro de Fidel y apenas asumía el nuevo gobierno, que ya había “heredado” un caso de rapto. Y, principalmente, antes de que el EPP pasara de una pandilla desorganizada al azote de los verdaderos trabajadores y productores del campo.