30 oct 2026

Picasso revela su genio popular en Marsella

En 1951, Picasso dirigió un cortometraje que recreaba una singular corrida de toros con figuras de cartón elaboradas por el propio artista, que se inspiró en la tauromaquia, entre otras tradiciones, para configurar su obra, que el MuCEM de Marsella explora en una exposición inaugurada hoy.

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Una mujer observa la obra “Mural” del artista estadounidense Jackson Pollock. | Foto: EFE.

EFE

La retrospectiva del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (MuCEM) ahonda en una faceta poco conocida del poliédrico Picasso, que en su búsqueda infatigable de nuevos lenguajes recurrió a las costumbres populares y formas de artesanía como la cerámica, la orfebrería o la tapicería.

De la mano de artesanos locales, “una disciplina le llevó a explorar la siguiente y así sucesivamente, de una forma natural, abriendo caminos inéditos y sorprendentes”, explica a Efe Josephine Matamoros, una de las comisarias de esa muestra que se puede visitar hasta el 29 de agosto.

El recorrido permite contemplar obras expuestas raramente en Europa, algunas procedentes de colecciones privadas y museos internacionales, como “Tauromachie” (1955), aunque la mayoría llegan del Museo Picasso de París.

Confrontadas a objetos de la cultura popular pertenecientes a los fondos del MuCEM, las piezas evidencian la importancia de las raíces españolas del genio.

Picasso, que prometió no regresar a su país mientras durase la dictadura franquista, retrató una España “fijada en el tiempo, eterna y algo esquemática”, destaca el comisario Bruno Gaudichon.

De esa forma, el pintor (Málaga, 1881-Mougins, 1973) rindió homenaje a los “exvotos” -cuadros ofrecidos en agradecimiento a los dioses- y los trajes típicos, a través de las cofias y redecillas con las que pintó a sus parejas, como Jacqueline Roque, o un busto de hombre tocado con una barretina, el gorro tradicional catalán.

Pero además de la nostalgia por el pasado, expresó con estos trabajos su oposición a la dictadura de Franco, que prohibió elementos populares de Cataluña, subraya Matamoros.

El malagueño también representó el mundo del circo, instrumentos musicales como la mandolina y la guitarra, a la que confirió una dimensión erótica, y juguetes, como cochecitos de madera que él mismo construyó para sus hijos.

La tauromaquia, que protagonizó su primer lienzo, “El pequeño picador” (1889), a la edad de ocho años, es uno de sus motivos fundamentales, que recuperó en retratos de toreros como “Le Matador” (1970), piezas de cerámica, carteles taurinos o escenas de la corrida en que raramente representa la muerte del animal.

Cuando sí lo hace, muestra a una bestia “fuerte y poderosa que ante la herida de la muleta no cede, sino que triunfa sobre el hombre”, desgrana Matamoros.

Otro animal, la paloma, que el pintor elevó a símbolo mundial de la paz en 1949, ocupa una posición privilegiada en su imaginería.

Precisamente en los años que siguen a la Segunda Guerra Mundial, Picasso intensificó su experimentación con técnicas tradicionales, algunas de las cuales conocía previamente, como la talla en madera.

A partir de 1947, cuando se instala en Vallauris, en plena Costa Azul francesa, frecuentó al matrimonio formado por Suzanne y Jean Ramié, que le inician en la tradición ceramista de la ciudad y junto a los que producirá alrededor de 3.500 piezas.

El artista imaginó una nueva vida para los objetos al pintar rostros sobre cacerolas de barro o cuerpos de insectos sobre cántaros, y también diseña sus propias piezas, algunas de ellas recogidas en el MuCEM.

Sin embargo, nunca se convirtió en ceramista, precisa Gaudichon, sino dio las instrucciones para realizarlas.

De la cerámica, según refleja la exposición, pasó a la orfebrería, cuando pidió realizar en plata una serie de platos originalmente en pasta blanca, entre ellos un frutero con el que homenajea los bodegones de Cézanne; a los grabados, con carteles taurinos; y al textil, con tapices de inspiración marroquí.

La vida cotidiana insufla también nuevos aires a la obra de Picasso, cuando el artista reutiliza objetos prosaicos para componer esculturas, como su icónica “Cabeza de toro” (1942), realizada con un sillín y un manillar de bicicleta.

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