Opinión

Payo en el país que no nos merecemos

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

En la política paraguaya está visto y comprobado que lo que se aplica para unos no vale para otros.

La expulsión rápida y sumaria del senador Paraguayo Cubas, único legislador del movimiento Cruzada Nacional, decidida por 23 senadores colorados, liberales, patriaqueridistas y del partido Hagamos, durante una sesión extraordinaria exprés en la tarde del jueves, alegando un supuesto uso indebido de influencias, fue radicalmente diferente a la acción que habían emprendido diputados colorados y liberales en otra sesión también extraordinaria y exprés del 9 de octubre pasado, cuando con argumentos totalmente contrarios salvaron de la pérdida de investidura a los diputados Ulises Quintana (colorado abdista), Tomás Rivas (colorado cartista) y Carlos Portillo (liberal llanista), aunque en estos casos –además de estar procesados judicialmente por varios presuntos delitos de corrupción, a diferencia de Cubas– sí existían claros indicios de que realmente habían hecho uso indebido de influencias.

Una vez más, los principales exponentes de la política paraguaya acaban de demostrar que a los correligionarios, amigos y cómplices se los debe proteger y salvar a como dé lugar, por más que estos sean unos soberanos bandidos o corruptos, pero a los colegas que resultan inmanejables y que además se convierten en un molesto dedo acusador hay que echarlos del sistema a como dé lugar, aunque haya que violar de paso algún artículo de la siempre violable Constitución Nacional.

También es verdad que el siempre controvertido Payo Cubas se había vuelto un personaje difícil de defender para tirios y troyanos, para conservadores y progresistas, al asumir actitudes patoteras y provocadoras como su peculiar estilo de lucha política, a pesar de enarbolar causas justas que movilizan la adhesión popular.

Aunque las acciones polémicas como defecar en el despacho de un juez o castigar con cinto a autoridades supuestamente corruptas fueron las que le permitieron ser electo senador de su movimiento Cruzada Nacional con más de 50.000 votos, las excesivas peleas y los tiroteos verbales no solo contra los “malos” de siempre, sino también contra quienes hubieran podido ser sus potenciales aliados, acabaron por dejarlo casi solo a merced de los lobos, situación de la que él mismo se dio cuenta cuando decidió renunciar a su defensa en el Senado y marcharse antes de que lo destituyan, mostrando una vez más su habilidad mediática con una expresiva foto de despedida publicada en las redes sociales, en la que se lo ve de espaldas, caminando por un estrecho pasillo del Congreso, con una enigmática leyenda: “Saliendo del oscuro Parlamento... rumbo al país que todos nos merecemos”.

Hay analistas que comparan al fenómeno Payo Cubas con otro histórico fenómeno político de los años 90, el del fallecido general Lino Oviedo. Probablemente existen similitudes, pero también hay radicales diferencias. Aunque defiende el contrabando como un oficio fronterizo de sobrevivencia, Payo no tiene un pasado denso como Oviedo, ni tampoco una fortuna construida en la ilegalidad, ni acusaciones serias de haber participado de actos delictivos o de corrupción. Comparten probablemente una populista y carismática manera de convencer a un sector del pueblo que no encuentra representatividad en las organizaciones políticas, un discurso cóctel que mezcla consignas revolucionarias con promesas autoritarias.

Cuando lo echaron del Gobierno y del Ejército tras un intento de golpe, Lino Oviedo se retiró a fundar su propio partido político e inició su carrera a la presidencia, una aventura que terminó mal allá por marzo de 1999. Payo ya tiene su propio movimiento político y aunque no lo asume abiertamente, tampoco niega una eventual carrera presidencialista. Algo o mucho ha perdido al dejar de ser senador, habrá que ver qué es lo que ahora puede ganar. Al contrario de lo que dijo en su mensaje de despedida, Payo ha regresado al país que no nos merecemos.

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