Más rápidos que la vista y más concentrados que monje tibetano en estado zen. Estas dos frases pueden describir el panorama que se perfila ante el común observador cuando ve a quienes toman al cubo de Rubik en sus manos como un desafío personal, armados de paciencia y destreza, ejercitando la lógica para derrotar al tiempo con sus manos.
Creado en 1974 por Ernõ Rubik, escultor y profesor de arquitectura, este cubo causó furor desde su salida al público, sobre todo en la década del 80. En los siguientes años, la fiebre por este entretenimiento decayó y solo algunos nostálgicos siguieron guardando al juguete como un recuerdo de su infancia. Pero la pasión por el cubo ha vuelto y esto lo confirman los más de 100 participantes –en su mayoría adolescentes y jóvenes– que participaron de la primera competencia de speedcubing (actividad de resolver el armado del cubo lo más rápido posible) que se realizó el 24 de octubre en la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción.
¿Juguete?
A través de un amigo, un regalo o la sorpresita de un cumpleaños. Este entretenimiento didáctico llegó de distintas maneras hasta las manos de los gemelos Mateo y Cristofer Chica (14), Iván Amarilla (13), Gustavo Riveiro (20), Elías Acosta (22), Manuel Mostacholi Franceschelli (15) y Magalí Amarilla (19). Todos los jóvenes coincidieron de manera unánime en que el cubo de Rubik no es solo un juguete. “Para mí es mucho más que un juego. Tiene su técnica y tiempo para poder armarlo”, describe Iván Amarilla. La percepción es compartida por Mostacholi, quien considera al cubo como una cultura.
Gustavo Riveiro, organizador de la competencia en la Politécnica junto a Elías, explica que pocos juguetes ayudan a mejorar la capacidad motriz y estimulan el intelecto, la capacidad lógica y la memoria espacial como el cubo de Rubik. “Muchos médicos recomendaron a sus pacientes este entretenimiento, ya que genera beneficios a nivel cerebral”. Los gemelos Chica se adhieren a sus compañeros haciendo la diferencia entre un cubo común, que cuesta G.3.000, y uno mejor, que se puede comprar desde G. 50.000 hasta G.180.000.
Es un vicio
Los cubómanos (la denominación es una licencia que se toma este periodista) son enfáticos al señalar que el entretenimiento es tremendamente adictivo. “Es algo que no se puede dejar. Siempre está la necesidad de aprender nuevos movimientos, de armarlo y superar las propias metas y a los rivales”, describe Cristofer, quien al igual que sus demás compañeros no suelta el cubo durante la conversación.
Todos ellos coinciden en varios puntos de vista; entre ellos, el siguiente: si alguna persona quiere entretenerse con este vicio lúdico y también competir, que ni piense usar un cubo común para prepararse. La razón es sencilla: los de ese tipo son frágiles y generalmente se rompen con los movimientos rápidos. Gustavo Riveiro –quien comercializa diversos modelos de estos juguetes, varios de ellos traídos de EE. UU.– recomienda iniciarse con uno que tiene un costo de G. 50.000.
Una memoria mejorada, más capacidad para asimilar formulas matemáticas y menos distracción. Estos son solo algunos de los beneficios que los cuberos (otra licencia del periodista) han encontrado en este entretenimiento. “Las chicas que no arman el cubo no nos quieren, y algunos compañeros dicen que somos unos nerds. Pero nos divertimos con lo que hacemos”, cuentan entre risas los gemelos Chica.
¿Cómo lo que es?
Admítalo, lector/a. Usted, como muchos de los simples mortales, intentó alguna vez armar un cubo de Rubik. Confiese que su mayor logro fue armar “casi” todos los colores. Cuente sin vergüenza que estuvo tentado a despegar uno de los cuadritos para completar todos los lados. Ya resignado, se preguntaba: "¿Cómo lo que se arma esto?”.
Mucha gente se ha acercado a estos jóvenes para preguntarles dónde aprendieron a resolver el cubo en cuestión de segundos y de paso les solicitan que los guíen para acabar con la frustración de años. Una herramienta para aprender, según cuentan los competidores, son los tutoriales en YouTube. “La pregunta que más me hicieron es como tengo la paciencia para armar eso. Nadie cree que sea posible hacerlo”, cuenta Mostacholi. Cristofer opina que es algo fácil y que la clave está en la dedicación.
Otra pieza
Antes de la competencia realizada en la Politécnica, Paraguay y Ecuador eran los dos únicos países que no tenían este tipo de campeonatos en Latinoamérica. Riveiro adelanta que para mayo del año que viene se estará realizando el primer campeonato oficial en el país, lo cual augura un crecimiento de esta actividad. El organizador cuenta además que al principio esperaban solo 30 competidores. Sin embargo, no solo participaron más de 100, sino que también estuvieron representantes de países como EE. UU., Brasil, Argentina y otros.
Los impulsores de este evento resaltan que, más allá de la competencia y de lograr armar los colores, se fomenta la sana competencia, el compañerismo y la amistad. Destacan además el apoyo que la politénica de la UNA brinda a esta actividad. En un futuro cercano, el proyecto es llevar este entretenimiento a las instituciones educativas a través de charlas, talleres y torneos. Todo dependerá del respaldo de auspiciantes para conseguir atrapar a los demás con este entretenimiento. Como ellos dicen, una manera divertida, creativa y edificadora de perder el tiempo.
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El podio
En el 1.° torneo de speedcubing, el primer puesto correspondió a Mateo Chica (foto), quien logró armar su cubo en 20' 43'’ segundos (el promedio de cuatro intentos). Lo siguió David Ayala, alcanzando la perfección en 21' 10'’ segundos. El récord nacional lo obtuvo Arturo Ocampos, quien llegó a los 17' 62'’ en un solo intento. Las personas interesadas en conocer más sobre este entretenimiento y las competencias pueden sumarse a la página del Facebook: Cubos Rubiks FPUNA.