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Pasaron dos años de una pandemia que cambió la vida en el mundo

Coronavirus. La pandemia tendrá efectos a largo plazo en la seguridad alimentaria mundial, tras provocar en 2020 un gran número de personas en situación de hambruna.

  • AFP
  • PARÍS-FRANCIA

Hay un antes y un después del Covid-19. En la salud, el trabajo, el turismo, la educación y en otros muchos ámbitos. En dos años, la pandemia ha transformado nuestro mundo y ha hecho que se instalen comportamientos que podrían permanecer.

Para el sector del transporte, los dos años de pandemia han sido una sucesión de incertidumbres, esperanzas de recuperación, restricciones y cancelaciones de viajes. Poco a poco, y con la imposición de ciertas normas como la obligatoriedad de llevar mascarillas o el pasaporte sanitario a nivel europeo, se han podido retomar la mayoría de los desplazamientos.

Pero las compañías de transporte han perdido miles de millones de dólares y no se espera que se recupere la normalidad en los trenes y los aviones antes de 2024.

El transporte aéreo es el más afectado, con dos tercios de vuelos menos a nivel mundial en 2020, y la mitad a finales de 2021, con respecto a las cifras de 2019. El sector se ha visto muy golpeado por el cierre de buena parte de Asia y, hasta principios de noviembre, de Estados Unidos.

Las que mejor resistieron fueron las líneas domésticas o interregionales, con un 79% del tráfico, con respecto al periodo prepandemia, frente al 34% de los vuelos intercontinentales.

A largo plazo, sin embargo, el sector es optimista como muestran las carteras de pedidos bien llenas de Airbus o Boeing. Las aerolíneas confían en el crecimiento de las clases medias asiáticas para llegar a 10.000 millones de pasajeros anuales en 2050, contra 4.400 en 2019.

En las ciudades, el número de usuarios del transporte público se ha hundido por el miedo a los contagios. Por otro lado, se percibe un aumento en el uso de la bicicleta y el retorno del automóvil.

El Covid-19 y los respectivos confinamientos y cierres de negocios han acelerado el desarrollo del comercio en línea.

La empresa eMarketer, citada por la federación de comercio en línea francesa, estima que la mayoría de productos y servicios adquiridos por internet (sin incluir viajes, entradas, restauración o juegos de azar) pasó del 13,6% en 2019 al 18% de las ventas totales en el mundo, con un valor de 4,3 billones de dólares.

¿Es solo un fenómeno de compradores jóvenes? “Hemos observado la llegada de nuevos clientes, más mayores, que se han fidelizado”, indicó a AFP Gaëlle Le Floch, especialista de distribución en Kantar.

Y si hay categorías menos propicias para la venta en línea, como la higiene o la belleza, las marcas se han adaptado para proponer los probadores en línea e invertir en la “belleza tech”.

Y con el progresivo traslado de la vida social hacia internet, hasta 492.000 millones de dólares de ventas se realizaron en 2021 a través de redes sociales, como con las marcas que se cuelan entre las historias de Instagram, según el gabinete de asesoría Accenture, que estima que esta cifra podría alcanzar 1,2 billones de dólares en 2025.

Y nada parece detener esta corriente de fondo, de la que se aprovecha Amazon, con unos resultados financieros espectaculares. Y eso ha animado a todos sus rivales a ponerse en la venta en línea hasta el punto que, en Francia, las ventas del gigante estadounidense crecieron en 2020 menos que el mercado en su conjunto.

La crisis del Covid-19 ha revolucionado nuestra forma de trabajar, generalizando el teletrabajo, aunque de forma desigual entre los países ricos y el resto del mundo.

Según las previsiones de la empresa de investigación Gartner, a finales de 2021 los teletrabajadores representaban el 32% de todos los empleados del mundo, cuando solo eran el 17% en 2019.

En Japón, por ejemplo, la tasa de teletrabajo pasó del 10 al 28%.

Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), “la mayoría de las empresas y de las personas esperan poder teletrabajar más a menudo”, especialmente los profesionales más calificados.

Para la Unesco, el trastorno que la pandemia de Covid-19 provocó a nivel mundial ha significado la peor crisis educativa de la historia.

Ante la pandemia, la mayoría de los países cerraron, durante más o menos tiempo, sus colegios y centros de educación superior.

Con unas consecuencias terribles: en los países con ingresos bajos o intermedios, el porcentaje de menores afectados por la pobreza del aprendizaje (un 53% antes de la pandemia) podría potencialmente situarse ahora en el 70%.

La pandemia de coronavirus tendrá efectos a largo plazo en la seguridad alimentaria mundial, después de haber provocado en 2020 una explosión del número de personas en situación de hambruna, señalaba la agencia especializada de la ONU, la FAO.

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