La niña regresaba a su casa el viernes cuando recibió un disparo de fusil en la espalda durante una operación policial. Su cuerpo sin vida fue enterrado ayer por familiares, vecinos y amigos que clamaron por el fin de los asesinatos en las regiones marginales de Río de Janeiro.
“Este es el arma con la que ella jugaba: el lápiz y el cuaderno”, exclamó su abuelo, Ailton Félix. La indignación y la conmoción se apoderaron de esta favela donde vivía la pequeña, una niña de notas 10, que hablaba inglés y practicaba ballet, como recordó su abuelo, encolerizado por la pérdida de su nieta.
Con globos amarillos en señal de paz, más de un centenar de personas protestaron a las puertas del Complejo de Alemao, en la zona norte de Río, para suplicar el fin de la violencia que azota la favela y a sus vecinos: “Paren de matarnos”, rezaba un cartel blanco con letras rojas escritas a mano.
Entre las lágrimas, se repetían los gritos de indignación contra la policía y contra el gobernador de Río de Janeiro, Wilson Witzel, quien defiende que los uniformados no sean sancionados por las muertes que provocan. EFE