Opinión

Parca

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Somos un país que emerge de la muerte. De ella venimos y hacia ella vamos, nunca nos amigamos con ella como en México o Brasil.
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El Paraguay emerge de un gran osario después de 1870. Eso es apenas 151 años atrás, lo que nos impide a muchos de mi generación desconocer quiénes son nuestros bisabuelos. Ellos están perdidos en la noche de los tiempos. Devorados como ánimas que sobrevivieron el mayor genocidio no reconocido como tal a nivel mundial. 85% de nuestra población pereció. Ni la matanza de los armenios en manos de los turcos ni la de los judíos por los nazis proporcionalmente alcanzan su tamaño, gravedad y proyección.

La parca ha venido tejiendo, destejiendo y cortando los hilos de nuestra historia como casi ninguna nación en el mundo. Por eso nos consterna y arrodilla la muerte. La misma que la venimos contando todas las noches con las cifras de muertos por coronavirus y por incompetencia, codicia y corrupción de nuestros gobernantes. La muerte estuvo detrás de la revolución de los primeros años del siglo XX, la Guerra del Chaco y la Revolución del 47, que puso a los colorados en el poder. Ella, la muerte, también generará profundos cambios en la manera de concebir, entender y sostenerse en el poder. Si los partidos políticos no logran comprender esta lógica deben preparar los ataúdes donde sepultar su tradición y su historia.

Entre nosotros toleramos casi todo. La política es sinónimo de mentiras, robos, codicia y avaricia. Los consideramos naturales a su esencia, pero no así la muerte. Solo en democracia varios lo comprobaron. Primero fue Cubas en 1999, luego Lugo en el 2012 y Cartes hace cuatro años. Quisieron cambiar las reglas del juego con muertes de por medio y se cargaron las consecuencias. Abdo también será recordado en cada uno de los paraguayos que ha perdido un ser querido y los ecos de estos reclamos acabarán con su partido en el poder. Con estos números de muertos y con el significado de ellos no hay futuro para el Partido Colorado. Si los muertos de la revolución lo pusieron en el poder, los muertos por Covid-19 acabarán por sepultarlo.

La gran cuestión es diseñar las opciones y alternativas. Esta generación de jóvenes que se ha despertado a la realidad no tolerará las mismas cosas que sus padres y abuelos concedieron como “el precio de la paz”. Deben rediseñarse por completo la Administración Pública, el sistema de Justicia y los mecanismos de generación de riqueza y de oportunidades. No podemos seguir teniendo un Estado donde se roba el 14% del presupuesto anual sin que nada pase. Que sea normal que unas cuantas empresas privadas –en colusión con el Gobierno–, sus propietarios se hayan vuelto multimillonarios. No será posible continuar con la misma lógica. La crisis del sistema apunta a las bases del edificio social. No es un problema de paredes o de techos. La cuestión está en el cimiento que debe ser completamente cambiado. Esa es la característica de una crisis sistémica. Hay que reparar sus causas para enfrentar sus consecuencias.

El Paraguay revivió de varias muertes y también lo hará de esta. No seguirá con lo mismo ni con los mismos. Estos luchan sin entender su destino trágico.

La parca ha vuelto a desandar por hospitales y hogares paraguayos, y no parece querer acabar hasta recordarnos el valor de la vida, de los buenos gobiernos y de los administradores honestos. Es preciso que hagamos la tarea pronto antes de que las ánimas deambulen descontroladas. Pascua es renovación, resurrección y vida. Paraguay merece todo eso.

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