03 feb. 2026

¿Padres sin autoridad?

Por Carolina Cuenca

Tanto se habla hoy de crisis que parece insulso calificar así el fenómeno que se da con relación a la autoridad paterna. La crisis de autoridad existe. En cuanto a la paternidad, en la realidad de muchas familias la figura del padre está ausente o desdibujada. ¿Qué ha pasado?
El orden social cristiano, del que somos herederos, se apoya en la autoridad paterna, entendida como una “sabia mezcla de dignidad, sabiduría y solicitud paternales”, para nada asociados a la arbitrariedad y afán de dominio que muchos le atribuyen hoy. Antes del siglo XVIII, la autoridad paterna era reflejo de la paternidad divina.
La Revolución Francesa trajo consigo otra forma de ver las cosas. La igualdad como ideal social tenía como base, según los revolucionarios, la proscripción de la función paterna. Cambacérès, uno de sus legisladores, decía: “Un hombre no debe de tener poderes directos sobre otro, aunque sea su hijo”. El socialismo extremo también sigue esta línea. Benoît Malon, en su libro “Le socialisme intégral”, decía: “Lo que importa es abolir radicalmente la autoridad del padre y su poder casi regio en la familia… ¿No valen los hijos tanto como los padres? ¿Con qué derecho estos pueden mandar sobre aquellos? ¡Basta de obediencia, basta de desigualdad!”.
En justicia, este cambio revolucionario acerca de la paternidad tenía una buena intención, Tocqueville lo expresa así: “La regla y la autoridad, al manifestarse menos, aumentarán la confianza y el afecto”. La pregunta es si, en la realidad, este fin de igualdad se ha logrado con la disminución de la autoridad paterna.
¿Qué consecuencias ha generado esta mentalidad en las sociedades modernas? Incluso el psicoanálisis explica que: “Al quitarle al padre su autoridad se generan sujetos desbrujulados, desidentificados, violentos y en permanente conflicto con el orden público”. Hoy casi nadie se atreve a recurrir a la autoridad paterna para reclamar derechos. El temor al autoritarismo mina las relaciones de autoridad. Es verdad que ante la arbitrariedad de la exigencia sin proponer razones, impera el “porque lo digo yo” o el “porque sí” y la respuesta natural es la rebeldía.
Este autoritarismo existe y debe ser superado. Pero si no diferenciamos autoritarismo de autoridad, como lo explica el profesor Andrés Luetich, terminaremos destruyendo también a esta última, que es un componente esencial de la vida social.