15 jun. 2026

OPINIÓN PÚBLICA

Dengue: Que dejen de dar vueltas
Ayer por la noche (por el viernes) en un noticiario vi al presidente del IPS dar un conferencia en la cual aseguraba que en el Hospital Central no se registraron en ningún momento siquiera casos sospechosos de dengue hemorrágico. Pues quiero desmentirlo: el lunes de esta semana se internó en urgencias a alguien con un caso sospechoso, el cual fue dado de alta el día jueves.
Yo lo sé, no por una casualidad sino porque se trata de un compañero de trabajo y, como es natural, todos sus compañeros seguimos su caso muy de cerca, según nos dijo hoy cuando le llamamos para ver cómo sigue. Nos comentó que el resultado del análisis dio que tiene el tipo 3, pero estuvo como sospechoso hasta el jueves cuando los doctores tuvieron los resultados.
Considero que es momento que las autoridades, todas en general, tanto las estatales como las municipales, dejen de dar vueltas y largas a un tema tan delicado y lo encaren de una manera más sensata y centrada; para empezar, el barrio donde vivo, en la ciudad de Limpio, no ha sido fumigado ni una sola vez desde que inició todo este tema, ayer (viernes) recibimos una nota en la que dice que hoy se realizará la fumigación y que se debe abonar G. 5.000 por el servicio; esto no me parece descabellado, pero me pregunto qué va a pasar con los patios baldíos (tan solo en mi manzana hay seis) donde nadie va a pagar por la fumigación, y esos son los sitios donde hay más criaderos de mosquitos.
Y mis preguntas continúan –en verdad la lista es larguísima–: qué pasa con los paseos centrales de las calles, rutas y avenidas de Asunción, la gran mayoría tiene el pasto larguísimo y con muchos recipientes dentro; ¿alguien controla a los negocios vendedores de llantas que tienen cubiertas en exposición en las veredas, después de las lluvias las limpian por dentro?; por qué si ya hubo varias mingas en Trinidad desde la calle se ve tan sucio el Jardín Botánico?; ¿por qué recién ahora todos los entes se preocupan tanto si desde hace meses está latente la amenaza?
¿No hubiese sido más sencillo prevenir y no esperar que haya tantos casos y someter a la población a esta psicosis colectiva donde cualquier dolor de cabeza por haber leído en el ómnibus ya se toma como un síntoma?; con relación a la jornada nacional de limpieza, ¿qué pasa con los barrios dormitorio, donde quienes no trabajan son en gran mayoría niños y ancianos?
La situación es alarmante y delicada, todos estamos expuestos a ser contagiados aunque nuestras casas estén impecables y en la zona donde vivimos no se hayan registrado casos sospechosos, basta haber pasado por una zona de riesgo para contraer la enfermedad y llevarla de ese modo a nuestros barrios.
Y no estoy viendo que por ningún lado se estén tomando medidas verdaderamente efectivas y tranquilizadoras. Considero que ya es hora de que se deje de jugar con la salud y la tranquilidad de la población y por una vez se tomen las cosas con responsabilidad y coherencia.
Son necesarias charlas donde se aclaren las miles de preguntas sobre cómo prevenir y tratar la enfermedad, que se pasen las cifras reales de los casos sospechosos y los confirmados, que no se oculte nada con el pretexto de no alarmar porque la única forma de que todos tomen conciencia de la verdadera situación y estén dispuestos a colaborar es sabiendo con exactitud cómo están las cosas en realidad.
Silvia Insfrán
CI 1.652.049

El abordaje burocrático
Las últimas declaraciones de nuestros principales actores y dirigentes “políticos” en torno a la interesada enmienda constitucional, muestran (una vez más) que los altos propósitos nacionales no les importa. De todas maneras está demostrado que nuestras colectividades tradicionales no son los instrumentos adecuados para llevarlos a cabo.
Nuestra “política” donde “todo es posible”, propia de “políticos de profesión”, está más cercana de los “corruptos por convicción” que de los verdaderos representantes “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Y por ello ha salido a relucir lo del canje de votos para una enmienda con nombre propio, por puestos burocráticos (para no contar lo que se desliza por debajo de la mesa).
Es que aquí se ve la burocracia como el botín político de los ganadores de las elecciones. Nadie puede negar que la existencia de un partido hegemónico se base precisamente en contar con la mayoría de los funcionarios públicos. Se le quitó a la emulación democrática la nobleza que debe tener y la inspiración en ideas y programas, para rebajarla a una pelea por los puestos públicos.
En un país donde el Estado es el gran empleador, esa concepción la da a los certámenes electorales el carácter de un combate por la supervivencia. Unos creen que lo pierden todo (o así se lo hacen creer los interesados “dirigentes”), y otros que pueden ganarlo todo y usar abusivamente el poder (para emular a quienes lo están ejerciendo). Así el día de elecciones no se entiende cómo la oportunidad para dilucidar en las urnas la preeminencia de unas ideas, sino como el abordaje a la nave estatal, rica en tesoros. Los “asaltantes” la saquearán si logran conquistarla. Los “defensores” están dispuestos a recurrir a cualquier suerte de métodos, incluyendo los prohibidos, para defender el disfrute de sus privilegios.
No es de extrañar que un partido político prefiera ser segundo en unas elecciones mientras pueda mantener unos puestos de privilegio, porque nada es más corruptor en una democracia y nada más peligroso como germen de violencia en una sociedad pobre, a la cual le muestran la nomina oficial como el principal estímulo para los estratos más necesitados de los partidos, y como única oportunidad para que se agazapen en ella individuos inescrupulosos, listos a envolverse en las banderas partidistas para meter sus manos de uñas largas en el Presupuesto de la Nación.
Los paraguayos todos, tienen derecho a trabajar para el Estado, según su preparación, capacidades e idoneidad, como preceptúa la Constitución. Es lo propio en un Estado civilizado políticamente. En el nuestro, la política se reduce a conseguir unos puestos (o negociarlos como en el caso presente) en miras de usufructuar nuevas prebendas y satisfacer intereses particulares.
La carrera administrativa debería independizar definitivamente la burocracia de los apetitos electorales. Su implementación evitaría la subsistencia de unos dueños de reparticiones administrativas enteras, que imperan como amos absolutos y emplean a la gente como recompensa por las ayudas politiqueras que les prestan (y para recaudar para él y para el jefe absoluto), y no por la habilidad y conocimientos para ser unos eficientes y eficaces servidores y funcionarios públicos.
Resumiendo, las mayorías parlamentarias se han de formar, no para satisfacer intereses particulares, sino para la búsqueda de los propósitos nacionales.
Y se ha de hacer mediante la identificación de zonas comunes, el perfeccionamiento de las coincidencias, el trabajo conjunto. El amplio respaldo entre los representantes de la opinión, necesario para la adopción de medidas, no puede ser a costa del erario público y el buen servicio que todo ciudadano espera del Estado.

Guillermo Lesmes
Conversaciones de sobremesa
Mi amigo José Mari, que vive en Europa, me comenta, no sin una cierta admiración, lo cerca que vivimos del frío respecto a las altas temperaturas que es posible alcanzar. Quizá sea fruto de alguna de sus recientes lecturas de divulgación científica, pero sigue sorprendiéndole que la temperatura más baja que nunca se podrá rebajar es de ‘sólo’ 273ºC bajo cero, mientras que no existe límite en la naturaleza para el calor, alcanzándose los miles de millones de grados en el interior de las estrellas o en laboratorios terrestres.
Los seres vivos habitamos un planeta que, en su superficie, oscila entre los -90ºC (mínimos de la Antártica) y los 60ºC (máximos del Sahara), siendo la temperatura interna en el caso de los seres humanos de 37ºC, con muy poca posibilidad de variación. ¿Por qué estamos tan cerca del mínimo absoluto y tan lejos del máximo en la escala de temperaturas?
La temperatura mide el estado de agitación, de desorden de las moléculas que componen el objeto observado. Si se trata de agua, por ejemplo, por debajo de los 0ºC está organizada como hielo, en estado sólido con moléculas en una red que vibra, cada vez menos según disminuye la temperatura. La ciencia establece que el movimiento molecular, de cualquier sustancia, cesa a la temperatura de -273 ºC, el cero absoluto en grados Kelvin, cuando el ‘orden’ y el frío son máximos.
Continuando con el caso del agua, en el intervalo de 0-100ºC (a una atmósfera de presión), las moléculas pasan a estado líquido, rompiendo su estado cristalino y deslizándose unas sobre otras, de modo que manteniendo su volumen, adoptan la forma del recipiente. Al superarse la temperatura de ebullición, las moléculas se volatilizan y espacian hasta ocupar todo el volumen disponible, aumentando su velocidad y dispersión según crece la temperatura.
Dado que el grado de quietud y reposo está determinado, el mínimo de temperatura es definible y acotado, pero el nivel de desorden, caos y agitación… puede ser ilimitado, como la temperatura. Para vivir necesitamos una cierta adaptabilidad, por ello nuestro organismo está compuesto por tejidos más líquidos que sólidos, con un orden relativamente alto, propio del frío. Definitivamente, entre los extremos físicos posibles, para estar vivos hemos de mantenernos como seres ordenados y fríos.
Mikel Aguirre
Educador