Desventuras en una excursión a Camboriú
Quiero expresar mi indignación y decepción por una serie de situaciones lamentables que he vivido conjuntamente con mi familia y un grupo de personas en una excursión a Camboriú - Brasil.
Dicha excursión se realizó en fecha 06-01 del año en curso, en mi caso a través de la agencia de viajes Inter-Express, en cuyo programa figuraba, entre otros tantos ofrecimientos, el servicio de transporte de un bus “cinco estrellas”. Grande fue mi sorpresa al recibir los pasajes en mi domicilio y percatarme de que la excursión la realizaríamos a través de la agencia Maral Turismo, hecho que llamó mi atención, dado que en ningún momento se me había comunicado tal situación en la agencia Inter-Express.
El referido viaje estuvo plagado de momentos desagradables, pues la empresa Maral Turismo nos sorprendió con un bus en estado deplorable, cuyos asientos fueron reclinados a martillazos ante la mirada atónita de los excursionistas.
Lamentablemente, nuestras predicciones pronto se hicieron realidad, ya que el ómnibus tuvo un desperfecto mecánico a pocos kilómetros de la ciudad de Caacupé, en donde nos detuvimos aproximadamente por dos horas. Ante los insistentes reclamos de los pasajeros de cambiar de bus en Ciudad del Este, ya que habíamos percibido ciertos ruidos raros en el vehículo, el coordinador de Maral Turismo, un argentino llamado Maximiliano Dombald, ensayó argumentos de que el móvil que nos transportaba estaba en condiciones de realizar un viaje largo, pero con la promesa de que si persistía el problema, se cambiaría de transporte.
Como si todo fuera poco, antes de llegar a la Aduana fronteriza, el coordinador del viaje nos hace demorar nuevamente por más de treinta minutos, tiempo que utilizó para comprarse una Notebook, con el intento de hacerla pasar en forma clandestina.
A raíz de esta situación, vivimos momentos angustiantes en la Aduana brasileña, pues la Policía, al percatarse de la situación, se dispuso a decomisar la referida mercadería. Ante los reclamos de su dueño, la Policía se adjudicó el derecho de revisar nuestros equipajes del interior del ómnibus, sumiéndonos en un estado de impotencia.
Proseguimos el viaje en nombre de Dios, pues la mayoría habíamos perdido la confianza por todo lo acontecido; llegamos a Camboriú después de 25 horas, tras soportar otras peripecias, como ser el hecho de quedarnos en plena serranía, porque no respondía el motor en una contrapendiente.
Pero quizás los que desembarcamos en la ciudad de Camboriú fuimos más afortunados, dado que en el grupo de excursionistas existía una buena cantidad que tenía como destino la ciudad de Florianópolis, quienes nos refirieron que llegaron a destino en un récord de treinta horas, ya en plena noche, con un minibús que habían fletado, pues el ómnibus en el que iban –el mismo que había salido de Asunción– se había quedado, en plena marcha, sin luz ni aire acondicionado, poniendo en un alto riesgo la vida de los pasajeros. En semejante estado del vehículo, los choferes fueron intimidados por la Policía brasileña a no seguir el viaje.
Sin embargo, los percances no los padecimos solo en el viaje de ida. En la víspera del viaje de regreso, el coordinador nos comunica que saldríamos del Brasil en la fecha estipulada, pero recién a las 17.00 hs, con la excusa de una compensación de las horas perdidas en el viaje de ida, pero fue que debíamos abandonar las habitaciones del hotel a las 11 de la mañana, como es costumbre en el Brasil.
El día 14 de enero fue quizá el más difícil que hemos vivido, pues pasamos “doce” horas en el lobby del hotel, tiempo bastante angustiante por todo el cansancio que conlleva la espera.
Mas la ansiedad y los nervios se apoderaron de nosotros cuando no apareció el bus en el horario acordado; a partir de allí vivimos momentos dramáticos, ya que el guía y el coordinador nos manifestaron que el bus destinado a traernos de regreso había sufrido un pequeño desperfecto mecánico y que en media hora estaría en el hotel. Así nos tuvieron con engaños y promesas hasta bien entrada la noche; cuando el coordinador se dio cuenta de nuestro estado de nerviosismo, en un momento de descuido desapareció del hotel, para luego apagar su celular.
En consecuencia, fuimos abandonados a nuestra suerte sin que ningún responsable de Maral Turismo pudiera darnos garantía alguna.
Por fortuna, a las 22.00 hs. llega al hotel un ómnibus fletado en el Brasil, que nos trasladó hasta Foz de Yguazú, lugar en que realizamos trasbordo a otro bus con destino a Asunción.
El objetivo de esta publicación es que otras familias no caigan en el error de confiar en las agencias de viajes Inter-Express y Maral Turismo, que en esta ocasión se unieron para estafar y humillarnos, al convertir nuestras vacaciones en una verdadera pesadilla.
Por todo lo expuesto, deseo que los demás tengan en cuenta nuestras peripecias y sepan elegir a la hora de realizar un viaje, pues existen empresas de turismo que son responsables y respetan a sus excursionistas, a quienes prometen unas placenteras vacaciones y se dignan en cumplir a cabalidad lo prometido.
Óscar Armoa
C.I. Nº 364.735
Museo cerrado en plenas vacaciones
Señor director:
En referencia al artículo con el título “Museos: cero vacaciones” del 15.01.2007, es una lástima que los museos del interior no sigan el ejemplo de la capital. Adjunto una foto del Museo en Paso de Patria, que estaba cerrado con candado el domingo, 14 de enero.
Los que queremos hacer el –tan promocionado– turismo interno los fines de semana y hacemos un largo viaje para conocer algún lugar, encontramos cerrada las puertas de algunos museos. Algunos, no todos.
El museo en Humaitá estaba abierto y la señora encargada del lugar nos atendió muy bien, e incluso nos ayudó a encontrar un guía para llegar hasta Curupayty. Desgraciadamente, no es nada fácil llegar a este lugar sagrado para el sentir de nuestro pueblo, único lugar donde realmente se ganó una gran batalla, donde el heroísmo paraguayo tuvo su máxima expresión.
El lugar se encuentra en una estancia privada y hay que pasar siete portones para llegar allí (uno de ellos cerrado con candado), así que, depende de la buena voluntad y humor del dueño la posibilidad de contemplar el paisaje donde quedan todavía los vestigios de las batallas de la Guerra Grande, visibles a pesar de la vegetación, ya que nos contaron los pobladores, que raras veces (en ocasión de algún aniversario redondo) se limpia el terreno.
De todos modos, la excursión fue muy interesante a pesar de todas las limitaciones. Esperamos algún día tener autoridades que nos ayuden a cuidar y respetar nuestro patrimonio histórico tangible e intangible.
Atentamente,
Pablo Balmaceda