País

Ollas populares suplen llegada tardía de programas sociales

 

De los pobres para los pobres. Si hay quienes conocen de necesidad, esos son los pobres, y ante situaciones difíciles, por lo general, son los primeros en tenderse la mano entre sí como ocurrió en estos días, tras el paro sanitario establecido por la cartera de Salud para evitar la dispersión del Covid-19.

Hoy se puede ver claramente en los barrios, sobre todo en los más carenciados, cómo aflora la solidaridad con las ollas populares. También emerge el ingenio entre el carbón y las enormes cacerolas que cargan en su interior hasta trocitos de menudencias para el suculento almuerzo que multiplicarán entre sus comensales.

Obreros, albañiles, recicladores y vendedores suman de a poco donaciones para darle vuelta al cucharón con los ingredientes para el menú del día, sazonado con el rechakuaa de gente de buen corazón que se suma a la iniciativa.

En los bañados de Asunción, en zonas vulnerables de Ypané o en los rincones más humildes de Fernando de la Mora, Ñemby, Lambaré, en el interior del país, se aprecia la mejor versión de los paraguayos para la supervivencia en tiempos de crisis. El virus despertó el lado más amable de mucha gente ante la adversidad.

En Coronel Oviedo por ejemplo, también los policías de la comunidad armaron una olla popular sobre ruedas, recorriendo las zonas más relegadas para repartir comida. La solidaridad de la gente prevalece, mientras la ayuda de los programas sociales se está tardando un poco en llegar.




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