12 abr. 2026

Obras de misericordia

Volvió Jesús de Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró en la sinagoga el sábado. Allí le entregaron el libro del profeta Isaías para que leyera. Jesús abrió el libro por un pasaje directamente mesiánico: El Espíritu Santo está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres; me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, y para promulgar el año de gracia del Señor.

La misericordia será el núcleo fundamental de su predicación y la razón principal de sus milagros. También la Iglesia “abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; más aún, en los pobres y en los que sufren reconoce la imagen de su fundador, pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo”.

La misericordia divina es una gran luz de amor y de ternura, es la caricia de Dios sobre las heridas de nuestros pecados. Lo afirmó el papa Francisco en una de sus homilías en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

“El matrimonio –afirmó el Papa según señala Radio Vaticano– es el símbolo y también una realidad humana de la relación de Dios con su pueblo. Y cuando se arruina el matrimonio con un adulterio, se ensucia esta relación de Dios con el pueblo”.

“¡Jesús perdona! –afirmó el Papa–. Pero aquí se trata de algo más que el perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’. ¡No lo dice! Pero no la condena con la ley. Y este es el misterio de la misericordia. Este es el misterio de la misericordia de Jesús”.

“La misericordia –afirmó el Papa– va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que el pecado es arrinconado. Es como el cielo”. “Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. Dios perdona pero no con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado”.

(Frases extractados del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y la https://www.aciprensa.com/noticias).