Por Elías Cabral y Virgilio Cáceres
CURUGUATY
Arnaldo Javier Cabrera, ex chofer de Vilmar Neneco Acosta Marques, detenido el pasado lunes en la colonia Americana Cué, Sexta Línea, distante a 50 kilómetros de la ciudad de Ypejhú, señaló en su declaración que el ex intendente, a su salida de la cárcel de Coronel Oviedo, ya venía planificando la muerte del periodista Pablo Medina. O sea, la idea de eliminar al comunicador se acentuó desde el 2011, tiempo en que Neneco fue apresado junto con su padre Vidal Acosta González por hallarse restos óseos (presumiblemente humanos), en su propiedad en Ypejhú.
El plan de ultimar a Medina lo venía conversando con su hermano Wilson Acosta, quien llegó del Brasil exclusivamente (por orden de Neneco) para consumar el homicidio del periodista y su asistente Antonia Almada.
Vilmar dijo que estaba cansado de las persecuciones a través de las publicaciones de Medina, y que cualquiera que le molestara correría esa misma suerte, según las declaraciones de Cabrera. La primera víctima fue el ex intedente de Ypejhú, Julián Núñez, quien fue eliminado por ser su adversario político. Este crimen lo cometió Wilson y su hijo Gustavo Gadea, alias Chiqui, reveló el detenido.
El mismo señaló que el día del homicidio se encontraba cocinando en la casa de Vilmar cuando, alrededor de las once de la mañana, recibió en su teléfono una llamada de Flavio Acosta, queriendo hablar con Neneco, a quien le dijo: “Oîma ko’ape ko karai”, (ya está acá el señor), dijo al referirse a Pablo Medina, cuyos pasos eran seguidos por Flavio, según la declaración.
Neneco se retiró a su pieza y continuó con la conversación telefónica. Luego de 15 minutos llegaron Lorenzo, Wilson Acosta y el hijo de este, Gustavo Gadea, a bordo de una camioneta Fiat Strada, color blanco, en la que fueron para concretar el ataque.
Allí se reunieron para definir detalles y luego abandonaron la casa, mientras Vilmar se dirigía a una comunidad indígena llamada Pa’i Puku para realizar una entrega de víveres. A las 15.30, Neneco, desde su chacra, realizó una llamada telefónica para preguntar “si terminó el trabajo” y recibió una respuesta positiva, a lo que respondió diciendo: “Belheza pura”, y apagó el celular, que era del hoy detenido.
Este reconoció que habilitó dos números telefónicos. Uno era para el hijo de Neneco y otro utilizaba Wilson, aunque últimamente lo usaban los hermanos, pero Cabrera no decía nada porque temía por su vida, ya que todos se rendían a los pies de Neneco. “Era intocable y recibía el apoyo de poderosas autoridades”, reveló una fuente.
Nadie podía decir nada porque luego era llevado a la zona de un cerro ubicado en las cercanías de la propiedad del padre de Neneco, en donde se habría cometido más asesinatos. Luego del homicidio se reunieron con Neneco los autores del hecho y allí apareció Wilson con remera para’i y con arma de grueso calibre, señaló el detenido.
Vilmar Neneco Acosta le ordenó que se escondiera por unos tres días en la zona de Tercera Línea.
Cabrera dijo que su idea era entregarse en Asunción, porque pensaba que el clan Acosta quería eliminarlo.