Entretanto, otras dos importantes tormentas tropicales fueron tomando fuerza desde el Atlántico hasta convertirse en huracanes, todo esto en el mismo momento en el que un fuerte temblor sacudía México. Con magnitud 8.2 en la escala de Richter, se trata del mayor terremoto registrado en el país, donde en el último siglo solo se registraron otros cuatro seísmos superiores a una magnitud de 8.
La intensidad de las tormentas tropicales crece a la par con la temperatura del agua y el nivel de humedad en el aire, que aumentan a su vez con el cambio climático. Este “no crea estas tormentas, pero acentúa sus impactos”, explicó Anders Levermann, del Potsdam Institute for Climate Impact Research.
En el Caribe, los daños atribuidos a Irma son estimados en 10.000 millones de dólares por el Centro de Gestión de Catástrofes y de Reducción de Riesgos Tecnológicos de Karlsruhe, en Alemania. La cifra convierte a Irma en el huracán más devastador en daños materiales en la región.
El movimiento telúrico ya ha dejado al menos 50 muertos en el sur del país, de los que la mayoría se han contabilizado en el estado de Oaxaca, Chiapas y Tabasco, según las autoridades locales, que reportan numerosos derrumbes de viviendas y cortes de energía. Este sismo, con epicentro frente a las costas de Chiapas, en el sureste de México y que fue sentido en varios países de Centroamérica y generó una alerta de tsunami, es el segundo más potente desde el año 2000, solo por detrás del que azotó a Chile el 7 febrero 2010 con una magnitud de 8,8 en la escala de Richter.
AFP-EFE-Reuters