Por Pablo Alfredo Herken Krauer, Analista de la economía
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Cayó Mónica Pérez y el sistema antirreformista está satisfecho y contento, en un país donde del cambio se habla mucho para cambiar poco. El presidente Nicanor tomó una medida más política que técnica. La primera mujer presidenta del Banco Central del Paraguay (BCP) –duró apenas 20 meses en su puesto– sale por la puerta grande, nos guste o no nos guste, aunque ella misma, por su falta de capacidad para administrar los conflictos de manera menos caliente y pública, contribuyó lamentablemente para el cumplimiento de la crónica de una salida muy anunciada. Un BCP menos independiente no le conviene para nada al país, menos en años políticos y electorales. Así como el cuoteo político entre el oficialismo y la oposición para la conformación del directorio. Mónica Pérez pagó un alto precio por su forma de ser y su integridad. Nosotros pagamos un alto costo por desaprovechar su capacidad extraordinaria y romper un proceso que hay que volver a empezar. En el fondo, perdimos todos.
Se nos fue Mónica Pérez, con su renuncia indeclinable en la mano, al cargo de presidenta del Banco Central del Paraguay (BCP), echada o sacada por el presidente Nicanor, en una decisión más política que técnica, y en lo que podríamos llamar crónica de una salida anunciada, porque el despido se veía venir.
Mónica Pérez, la primera mujer a la cabeza del Banco Central, que llegara un 10 de junio de 2005, terminó sola, abandonada y peleada con prácticamente todo el mundo y con una imagen lastimosamente nada positiva a los ojos de la gente. Duró 20 meses en el cargo. Muy poco tiempo para lograr sus objetivos de sanear y reformar el Banco Central, y definir una política monetaria independiente. Muy poco tiempo para juzgar su trabajo. Hay que darle tiempo al tiempo para calificar una gestión muy conflictiva, muy dura, muy peleada y bastante sucia, con una lucha a muerte. Todos contra una mujer en su soledad, sin siquiera un directorio en el que refugiarse.
Se nos fue Mónica Pérez, y perdimos una profesional de primera calidad, de primer mundo, una técnica pura, dura, decente, incorruptible, trabajadora, que odiaba el manoseo, la negociación forzada y la transada. Un país como el nuestro no puede darse el lujo de perder profesionales como Mónica Pérez, nos guste o no nos guste. Pero la perdimos. Todos somos, de alguna manera, responsables de este desperdicio de lujo.
Mónica Pérez misma, por su carácter, su temperamento, su personalidad, su forma de ser personalmente, muchas veces agresiva, otras veces soberbia, fría y antipática, causando molestias y ganándose enemigos muy fácilmente. Le faltó a Mónica Pérez capacidad de administrar de manera menos caliente y públicamente conflictos de intereses que al final terminaron por esconder sus buenos resultados y desmejoraron su imagen. Le faltó mucha mejor política de información, comunicación y relacionamiento.
Y le tocó bailar, sola, con lo más feo. La politización y partidización del BCP es una realidad así como la existencia de una pirámide de privilegios y privilegiados lamentable. La cuota política, oficialista y opositora es una realidad. Técnicamente le tocaron dos años de un gran ingreso original de dólares (un mínimo de 3.350 millones de dólares en el 2006, con un aumento de 560 millones de dólares con respecto al 2005, o 20,1% más). Muy difícil de manejar. Como lo fue la inflación (9,9% y 12,5% en el 2005-2006 más por causa de problemas de oferta que por desequilibrios monetarios y/o fiscales, aunque el gasto del Gobierno haya crecido arriba del 13%). Pero, ojo, podríamos haber tenido un dólar mucho más barato y una inflación mayor, si Mónica Pérez hubiera aplicado una monetaria más recesiva y/o una política cambiaria más intervencionista, para fijar artificialmente la cotización del US$.
Encuentro cuatro razones que estarían detrás del despido del presidente Nicanor y de la renuncia indeclinable de Mónica Pérez:
1) La firme postura de Mónica Pérez contra cualquier posibilidad de que su cargo sea una moneda de cambio del Gobierno con la oposición en el juego político de la reelección (esto incluye la conformación completa del directorio) o en el mejoramiento de las relaciones del Poder Ejecutivo con la oposición;
2) La ya crítica falta de apoyo del presidente Nicanor a la persona y a la autoridad de Mónica Pérez como conductora del BCP y miembro del Equipo Económico (flojas relaciones con el Ministerio de Hacienda, siendo clave la coordinación y complementación de las políticas fiscal y monetaria), en cuanto al estilo de comportamiento y manejo, y a la inflexibilidad de sus reclamos y planteamientos, con el consecuente desgaste de poder de la titular del BCP;
3) Desde el punto de vista político del presidente Nicanor ya era el momento para que saltara un fusible, y así satisfacer las necesidades y los intereses de diversos grupos de poder disgustados con la gestión de Mónica Pérez, y que estiran el carro en direcciones diferentes; y
4) El objetivo del presidente Nicanor de buscar un Banco Central del Paraguay (BCP) con una política menos monetarista y más desarrollista. Sin olvidar el peso de los sindicatos coloradizados en el BCP. La oposición también tiene su cuña.
Importó más lo político que lo técnico. Espero que ahora no tengamos un Banco Central secuestrado por el poder político y económico, con la voluntad y la capacidad de decir cuál debería ser el precio del dólar (¿5.500? ¿5.800?), por un lado; y un Banco Central arrodillado y sometido a tales reclamos, por el otro lado. Con buenas “ganancias” para especuladores privados y funcionarios gubernamentales abrazados en el carnaval de siempre. Que la incertidumbre cambiaria no se convierta en un nuevo actor en el escenario del juego político y partidario del 2007. Y que la alegría de muchos hoy por la salida de Mónica Pérez no termine en un llanto generalizado del país. Ojo: ya entramos en la peor etapa del nicanorismo, y esa es una trampa en la que muchos están cayendo.
Se nos fue Mónica Pérez. Lo siento por ella y por el país. Culpables somos todos. Duele decirlo pero hay que decirlo.
23 de febrero del 2007
Ü “Técnicamente le tocaron dos años de un gran ingreso de dólares. Muy difícil de manejar. Como lo fue la inflación”