Por Patricia Cañete
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Pedro Duarte desde hace 30 años vive en el barrio Molino, de la 2ª Compañía de Luque. Entre rejas atiende su antigua despensa y asegura que en los 4 años de gestión del intendente Vicente Karjallo no vio una sola mejora en su barrio.
“Nada de nada”, responde molesto mientras señala el mal estado de la arteria 12 de Junio, enfrente de su vivienda. “Por acá se transita gracias a los escombros y arena que tiran los vecinos para rellenar”, explica, y asegura que, pese a ser una vía importante de ingreso al barrio y que se conecta con la Curva Romero, “jamás” fue reparada por la Municipalidad.
Karjallo (ANR) figura en la lista de los 12 intendentes -entre los 19 que son del departamento Central- que buscan ser reelegidos en las próximas elecciones municipales.
Las malas condiciones del antiguo empedrado no son la única preocupación del citado contribuyente, y explica que el servicio de recolección de basura es irregular y que ni saben qué día sacar los desechos, porque puede transcurrir una semana sin que pase el camión recolector.
Como vecino dice que anhe- la que sea instalado el servicio de desagüe cloacal, para así iniciar una mejor calidad de vida en el barrio. “Tampoco tenemos seguridad”, agrega a las quejas que va hilando pausadamente. En la zona los asaltos suceden diariamente. Las condiciones del camino muchas veces dejan sin el servicio de transporte público al vecindario, y falta iluminación.
Las quejas de Duarte se multiplican en todo el barrio, que ocupa un gran sector del territorio luqueño.
El panorama empeora al llegar a las calles San Blas y San Pedro, a metros de la avenida Brítez Borges. Los caminos de tierra quedan intransitables, sobre todo en días de lluvia, cuando los raudales se apoderan de la vía y dejan paralizados a los pobladores, quienes aseguran que no pueden salir de sus viviendas.
La contaminación es otro punto sin resolver, afirma Marina Benítez, quien diariamente debe atravesar la vía San Pedro para llegar a su vivienda mientras soporta el nauseabundo olor que despide un depósito de desechos que se extiende a lo largo de 300 metros. En la calle San Blas el paso está clausurado por un gran basural, donde están mezclados agua servida, barro y desechos. Todo esto frente a las viviendas del sitio. Las veredas tampoco existen en la zona y los vecinos deben circular en un ambiente insalubre.
“Nunca vinieron a limpiar y hasta perro muerto se tira aquí y a nadie le importa; el olor es insoportable y hace tiempo que estamos en las mismas”, asegura.
Benítez no está segura de que algún intendente realmente se preocupará en mejorar las condiciones de los barrios. “Se supone que están para solucionar los problemas que tenemos, pero cómo si ni siquiera se acercan a ver cómo vivimos”, se queja, y agrega que los políticos solo hacen su aparición cuando quieren votos y dejan varias promesas. “Tienen mucho para prometer porque acá ni camino tenemos, pero después se olvidan de todo y nunca más aparecen, porque realmente no les importa”.
CRECIMIENTO SIN PLANIFICACIÓN MUNICIPAL
En una superficie de 203 kilómetros cuadrados se extienden 4 barrios y 12 compañías luqueñas, con más de 300.000 habitantes, según la Dirección de Estadística, Encuestas y Censos. Pese al acelerado crecimiento poblacional en el distrito, donde predominan los jóvenes de entre 15 y 29 años (en un 30%), el Municipio no cuenta con una Dirección de Planificación que debería hacer interactuar las acciones emprendidas para mejorar el manejo de otras dependencias como Tránsito, Urbanización y Obras.
Para el 2009 estaba prevista la creación de esa dependencia; sin embargo, su funcionamiento no se concretó en la actual administración de Karjallo.