Opinión

Míster Miklos y las revoluciones

Carolina Cuenca Por Carolina Cuenca

En ambientes posmodernos el foro público tiene marcadores estrictos de la corrección política, hay conceptos casi vedados, sobre todo en los algoritmos progresistas de las redes sociales, tal es el caso del “conservadurismo”. Declararse simpatizante de conservadores es por lo menos una declaración de guerra a la censura y, por supuesto, estar expuesto al escrutinio permanente, con grandes posibilidades de ser excluidos.

Y, sin embargo, con la persistencia de los galileos de este tiempo, los conservadores se hacen sentir. Tal es el caso del peruano Miklos Lukacs, PhD en Gestión de la Innovación de la Universidad de Manchester; master del Development Studies en la Universidad Victoria de Wellington, Nueva Zelanda; magíster en Ciencia Política y licenciado en Veterinaria. Un influencer, discípulo de Sir Roger Scruton, que estuvo hace unos días en Paraguay llenando salas de conferencia con jóvenes. ¿Por qué esta atracción de tantos chicos hacia este analista social y político de contracorriente? Quizás por simple ejercicio de libertad contra el establishment de las universidades y de algunos medios; quizás también porque hipótesis suyas de hace décadas se están volviendo verdaderas tesis corroborables hoy. Tal es el tema de la conexión entre la cuarta revolución industrial o tecnológica y su asociación con la ideología transhumanista. También así la denuncia del control poblacional como objetivo de obsesivos grupos elitistas de poder que se instalan en instituciones internacionales y las desvirtúan.

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Se pueden extraer ideas interesantes para comprender la realidad de Paraguay ligada a la del mundo, y para ello es necesario hablar sobre todo de las tecnologías y su influencia en la economía, la sociedad y la cultura hasta el punto de llegar ya a una revolución que pretende un cambio impactante al asociar todo un paquete tecnológico de punta (biotecnología, robótica, computación cuántica) con un proceso de intervención antropológica.

Se trata de gran movimiento político que apunta a nuevo ordenamiento en el que la revolución tecnológica tendrá mucho que ver con una suerte de “reinicio”, de “adiós al capitalismo”, del fin de las soberanías…

El TRANSHUMANISMO pretende una “mejora del hombre, de su inteligencia, moral y calidad de vida, mediante el uso de la tecnología”. Pero con una visión mecanicista que desatiende eso que llamamos “la condición humana”, el uso de la razón, la creatividad, la libertad personal y la asociación virtuosa en busca del bien común. ¿Quién estaría en contra del uso de la tecnología para acabar con enfermedades o el hambre en el mundo? Nadie, claro está. Pero cuando se habla de delirios como la experimentación genética con seres humanos sin consecuencias legales ni éticas, o de romper relaciones con la naturaleza, base de los derechos humanos… surgen preguntas lógicas sobre, ¿quiénes podrán acceder a los beneficios y se podrán defender de los aspectos negativos? Ni hablemos de los efectos colaterales en el ordenamiento sociopolítico en una carrera tecnológica cuyo éxito solo cosechan unos cuantos de la élite mundial, algunos con sentimientos supremacistas.

Este conservador enamorado de la tecnología pide, sin embargo, un debate más serio sobre estos temas que superan categorías políticas como las de izquierda o derecha, etc.

Lukacs se declara antiideológico, no conspiranoica y aboga por el estudio concienzudo de la tecnología, sin llegar a caer en una tecnofobia, para no pasarse tampoco a un tecnocentrismo ingenuo que renuncie a la belleza de la condición humana, que con sus errores e imperfecciones es, sin embargo, el sujeto de derecho de nuestra civilización. Aboga por conservar todo aquello que nos es valioso y nos ha costado esfuerzo conseguir, que nos da felicidad y equilibrio como son la libertad, el respeto a la vida, la familia, la intimidad, la comunidad, y valorar la herencia cultural. Ideal para estos tiempos de transformación educativa.

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