15 abr. 2026

Mis respetos, senadora Ovelar

Por Adrián Cattivelli | Adrian-Cattivelli@uhora.com.py

No es frecuente que un periodista exprese de manera pública su reconocimiento a alguna autoridad. Pero ya que solemos poner de relieve los comportamientos menos edificantes de los exponentes de la clase política, me pareció oportuno rescatar la conducta de la senadora colorada Blanca Ovelar, en torno al muy polémico caso de la elección del nuevo rector de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

La altura sostenida en todo momento por la legisladora en el debate acerca de los valores cívicos que debían ser preservados, contrastó en todo momento con el proceder impulsivo, descalificador y personalista de su correligionario y colega en el Senado, Juan Carlos Calé Galaverna.

Ella dijo que la cuestión debía enfocarse en la calidad de la educación universitaria y en la libertad de enseñanza; él afirmó que su candidato era un “Ferrari” y el otro un “escarabajo descompuesto”. Ella sostuvo que su posición era “de defensa de principios y no de defensa de intereses ni simpatías"; él le respondió que no olvidara que “posibilitó su incorporación” al proyecto de Horacio Cartes y que “se jugó” por su candidatura presidencial. En fin, a cada evocación de un principio, seguía una estocada descalificadora.

Acostumbrados como estamos a llevar toda controversia al ámbito de lo estrictamente personal, la actitud de la ex ministra de Educación demostró que en el Paraguay no todo está perdido. Aún existe gente que, como le escuché decir alguna vez al ex canciller argentino Dante Caputo en una agria disputa con el inefable Hugo Chávez, “a un argumento le debe seguir otro argumento, no un adjetivo”.

Modestamente, considero que la conducta de la senadora Blanca Ovelar salvó la honra del Partido Colorado, de lo contrario, si ella no hubiera intervenido, todos habríamos quedado habilitados a considerar que esa nucleación política no es, como la declaran sus estatutos, una “asociación de hombres libres”, sino más bien una agencia destinada a promover el prebendarismo y a traficar influencias; y el Senado de la Nación el sucio chiquero de una chacra.

Todos sabemos cómo terminó la historia de la desmerecida Universidad Nacional de Asunción. Se impuso, como dijeron los medios, el candidato de Calé. Quedó, sin embargo, el testimonio de una legisladora ecuánime y consustanciada con sólidos valores republicanos. Él ganó la pulseada del poder; ella, la de la dignidad.

Mis respetos, pues, señora senadora.