Jesucristo es lo más importante de nuestro día. Por eso, cada uno de nosotros debe ser “alma de oración ¡siempre!, en cualquier ocasión y en las circunstancias más dispares, porque Dios no nos abandona nunca.
No es cristiano pensar en la amistad divina exclusivamente como en un recurso extremo. ¿Nos puede parecer normal ignorar o despreciar a las personas que amamos? Evidentemente, no. A los que amamos van constantemente las palabras, los deseos, los pensamientos: hay como una continua presencia. Pues así con Dios” (J. Escriva De Balaguer, Amigos de Dios, 247).
En una homilía el Santo Padre Francisco dijo: “El corazón de la salvación de Dios es su hijo, que tomó sobre sí todos nuestros pecados, nuestras soberbias, nuestras seguridades, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar a ser como Dios”. Por esto, exhortó, “un cristiano que no sabe gloriarse en Cristo crucificado no ha entendido lo que significa ser cristiano”.
-La cruz -“No es un ornamento, que nosotros debemos poner siempre en las iglesias, sobre el altar, allí. No es un símbolo que nos distingue de los demás. La cruz es el misterio, el misterio del amor de Dios, que se humilla a sí mismo, se hace ‘nada’, se hace pecado.
¿Dónde está tu pecado? ‘No lo sé, tengo tantos aquí. No, tu pecado está allí, en la cruz. Ve a buscarlo ahí, en las llagas del Señor, y tu pecado será curado, tus llagas serán curadas, tu pecado será perdonado.
El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que tenemos con él: el perdón que nos da Dios son las llagas de su hijo en la cruz, elevado sobre la cruz. Que él nos atraiga hacia él, y que nosotros nos dejemos curar”.
(Del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y https://www.facebook.com)